domingo, 16 de diciembre de 2018

Maite Carranza / Palabras envenendadas / PNSL


PNSL 2014
El 5 de diciembre estuvimos en Comitán con el último taller del año para promotores de lectura, donde hicimos énfasis en la importancia de las charlas literarias. En esa ocasión hablamos de los roles de género, de los prejuicios y de la discriminación. Se dieron distintos puntos de vista, y se comentó que arriesgar el "capital cultural" es sano porque nos permite confrontar nuestras ideas con las de otros, construir argumentos nuevos, desechar algunos y fortalecer otros (bendita otredad). Después de publicar en este blog la crónica de dicha actividad, algunos amigos me preguntaron si había en el acervo bibliográfico del PNSL material que tratara esos temas "difíciles", para dar sustento a las charlas. Les dije que no hacía falta existiera el libro en el acervo, que se podía generar de lo que cada uno de los participantes opinara de X o Y tema "difícil". Posteriormente podrían integrarse lecturas afines y también generar escritos derivados de las charlas y de las lecturas. El acervo cuenta con títulos sobre drogas, sexualidad, redes sociales. discriminación, bullyng y abuso sexual (libros que conozco del acervo) entre otros temas.

Fotografía: Héctor Banda
Hace poco me enteré de una historia contada por una entrañable amiga, madre de "Bárbara" (nombre del personaje central de Palabras envenenadas). Una chica presa de la confusión, que no tarda en irse de casa "porque ella sabe lo que quiere". Alguien le ha llenado la cabeza de ilusiones. Mi amiga dice: "Tengo miedo, no está vivida". Yo traduzco vivida por informada. ¿Cuántas Bárbaras hay en México? Muchas, y terminan siendo estadística de los diferentes círculos que tiene el abuso sexual. El abuso infantil y adolescente en Chiapas es alarmante. Sucede en el ámbito familiar y escolar, entre otros. ¿Cómo prevenirlo en las escuelas? ¿Cómo, en los hogares? Los feminicidios están casi siempre vinculados al abuso sexual, aunque la violencia sistemática hacia las mujeres es una constante que lastima, que no debiera pasar despercibida por ninguno de nosotros. Decirlo, hablarlo, evidenciarlo; denunciarlo. Eso es lo que debemos hacer para ayudar a combatir esa violencia, que ha quitado la vida a muchas (y a muchos) y a otras más las ha dejado muertas en vida. Hay que informarse, informarnos. La información previene, alerta, protege. Nadie está excento. 

Fotografía: Hugo Montaño
Dice la contraportada: ¿Qué pasó con Bárbara Molina? Nunca se encontró su cuerpo ni se consiguieron pruebas para detener a ningún culpable. Una llamada telefónica provoca un giro inesperado en la vida de muchas personas: el de un policía a punto de jubilarse, el de una chica que traicionó a su mejor amiga, el de una madre presa del dolor que provocó la desaparición de su hija.

Palabras envenenadas es una crónica de un día trepidante, vivido a contrarreloj y protagonizado por tres personas cercanas a Bárbara Molina, desaparecida misteriosa y violentamente cuando tenía quince años. Un enigma que, después de cuatro años sin resolverse, va a verse sacudido por nuevas claves. A veces, la verdad permanece oculta en la oscuridad y sólo se ilumina al abrir una ventana.

Una historia de mentiras, secretos, engaños y falsas apariencias que pone el dedo en la llaga sobre mitos incuestionables. Un relato apasionante que disecciona la hipocresía de la sociedad española moderna. Una denuncia valiente de los abusos sexuales en la infancia, sus devastadoras consecuencias y su invisibilidad en este acomodado mundo nuestro.

Maite Carranza
Maite Carranza. Nació en Barcelona en 1958. Licenciada en Geografía e Historia, compagina la docencia con la literatura y la creación de guiones sobre todo para televisión. Se inició en la literatura en 1987 cuando ganó el Premio de la Crítica Serra d'Or, al que le han seguido, entre otros, el Folch i Torres (1987), el Joaquim Ruyra (1999) y el Premio Edebé 2002, que volvió a ganar en 2010 con Palabras envenenadas. Dedicada principalmente a la literatura juvenil, y con más de cuarenta títulos publicados, también ha publicado la novela para adultos Sin invierno (Destino, 1999).}

El éxito internacional de la trilogía La guerra de las brujas, traducida a más de 25 lenguas, le ha merecido el Premio Plíglota 2010.

En 2011 fue finalista del premio Catalán del Año 2010, que concede El Periódico, y ganadora de nuevo del Premio Crítica Serra d'Or por esta novela.

Palabras envenenadas vendió más de 25 mil ejemplares en un año, y ha sido vendida a cinco países. Con esta obra Maite Carranza recibió como máximo reconocimiento el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil de España en 2011.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Diego Mejía Eguiluz / ¡Primera caída! El Enmascarado de Terciopelo.



Esta lectura ha sido divertidísima. ¿Cómo llegó a mis manos? Pues sucede que Ray Zopilote me habló del Enmascarado de Terciopelo, y prometió prestarme la historia en la primera oportunidad, la cual aconteció el pasado miércoles, cinco de diciembre. Disfruté un chorro y dos montones el libro, y luego luego decidí que se lo prestaría a mi querido amigo y luchador, el Haragán Ramírez, porque es casi lo mismo que el vivió cuando decidió inclinarse por las bondades del Pancracio, pero al revés. Aclaro que Pancracio no es una persona (aunque hay quienes llevan ese apelativo a cuestas) sino el lugar donde se realizan las luchas entre rudos y técnicos; el ring pué. Les decía que una vez disfrutada la emocionante historia del Conde de Terciopelo, se lo rolé al Haragán, quien se quedó encantado desde la portada, y luego, ni tardo ni perezoso, devoró el libro en una caída. Cuando lo trajo de vuelta, me dijo: Estimado, gracias por la lectura, dile al Zopi que existe un segundo tomo titulado: "Muerde el polvo". Otra cosa, me atreví a escribir algo que espero te agrade lo suficiente, y lo publiques en tu blog. Nos vemos luego. Acto seguido se marchó, perdiéndose entre las destruidas calles de la ciudad coneja. ¿Quieren leer lo que escribió mi amigo? Acá el texto, tal cual me lo entregó:



Chiapa de Corzo
Siete de diciembre del 2018

Estimado amigo Montaña, igual que el Conde de Terciopelo, yo también me enamoré de las luchas, tanto, que desde chamaquito quise ser un ídolo de los encordados. Tuve un entrenador exigente, con la diferencia de que él no había luchado más que por la vida. Nos entrenaba duro. A mi no me gustaba porque no había día que no me doliera algo. Mientras me sobaba y me untaba pomada para el dolor, me preguntaba ¿Y la fama? ¿Y las películas que haría igual a las del Santo? ¿Y las legiones de admiradoras? ¿Y las planillas donde la estampita más deseada fuera la mía? No hubo nada de eso. Una mañana decidí faltar al gimnasio, refugiándome donde supuse nadie, pero nadie, me encontraría: la biblioteca. Por si las moscas entré enmascarado. Al principio estaba perdido, hasta que una chica llegó a rescatarme. Ella me enseñó cómo buscar en el fichero, y de a poco me fui adentrando en ese otro cuadrilátero que es la lectura. Entrenaba poco y leía de todo (siempre enmascarado). Era otro mi nombre de luchador, del cual no quiero acordarme, porque me rebautizaron como El Haragán, ¡y cómo no, si casi ni entrenaba! Me la pasaba lee que lee.


A diferencia del Enmascarado de Terciopelo, de quien los cronistas deportivos han hablado maravillas, de mi no hubo reseña alguna. Estaba tan clavado en la lectura que, sin darme cuenta, se me fue llenando la sesera de personajes e historias, hasta  que un buen día comenzaron a pelearse dentro de mi cabeza, cual luchadores, exigiendo salir. Así fue que de la lectura pasé a la escritura (igual, enmascarado). De eso resultó el librito que te regalé hace poco, y que ahora se encuentra en manos de varios alumnos y alumnas de secu, prepa y uni. No me comparo con el Conde de Terciopelo, no hay manera, porque él es un ídolo, el más grande de los rudos. Yo no tuve un papá luchador (como el Conde), tampoco un papá lector o escritor. No tuve más influencia que la libertad. Pienso ahora que me parezco también al Exterminador, el nombre de luchador que usó el papá del Conde (su mayor inspiración), porque tengo a mi MiniMi, a quien un día le preguntaron en el salón de clases a qué se dedicaba su papá, y él no dudó en contestar: se dedica a leer y a escribir. ¡Eso ni es trabajo! dijo uno de su salón, pero a él no le importó.


Disculpa lo extenso del escrito, igual puedes editarlo o citar fragmentos, es sólo que el libro del Enmascarado de Terciopelo me alborotó algunos de los muchos fantasmas que me habitan. Tú mejor que nadie sabe lo que yo he luchado, yendo a distintas geografías fomentando la lectura. Aún no me agoto, y aunque esto parece interminable lo hago con pasión, y ahora lo haré con mucha más enjundia, contando de la vida del Conde de Terciopelo, y también seré más rudo contra aquellos que se encargan de denostar la importancia de leer y de escribir. La palabra es un derecho, y como tal debemos de exigir su uso en forma de historias en los salones, al inicio del día de clases (todos los días), en las casas, en donde sea. Jugar con las palabras, pelearse con ellas a dos de tres caídas, sin límite de textos. Escucharlas, probarlas, tocarlas, respirarlas, mirarlas, armarlas y desarmarlas las veces que sean convocadas. La lectura no es exclusiva de algunos, menos la escritura. Ambas son inclusivas, nos pertenecen a todos. En lo personal sé que ambas cosas aún las hago de manera deficiente, pero las hago con gusto y porque se me da la regalada gana. Gracias por prestarme esta ¡Primera caída!, estimado amigo Montaña. Pronto iré por la segunda, y lo compartiré de la misma manera que don Zopilote y tú lo hicieron conmigo. 

Los abraza con admiración, 

El Haragán. 
 
Dice la contraportada: Desde su debut, el Conde de Terciopelo se ha empeñado en demostrar que no hay luchador más rudo que él. El ring no es un lugar para débiles, el chiste es apabullar a todos para llegar al estrellato. Pero la verdad, el conde es de naturaleza sensible, y su carrera podría irse a pique por eso. Lo que pasa es que desde chiquito le enseñaron a aguantarse como los machos y cosas por el estilo. Últimamente le afecta lo que la gente piense de él, su enemigo acérrimo le hace burla y, para colmo de males, la niña que entrena a su rival ha descubierto su punto débil y está maquinando un malévolo plan contra él.



Diego Mejía Eguiluz


Diego Mejía Eguiluz no recuerda cuándo nació, pues era un bebé. Ha sido periodista deportivo, asistente de producción tanto en teatro como en televisión, guionista de un programa cómico, comentarista radiofónico de lucha libre y desde hace veinte años se dedica a la edición de libros infantiles y para adolescentes. Ha escrito de lucha libre para las revistas Box y Lucha y The Gladiatores. Es autor del libro infantil Una aventura patológica (publicado en México por editorial Porrúa y en Uruguay por la editorial Sudamericana). Otros libros: ¡Primera caída! (El enmascarado de terciopelo 1), Muerde el polvo (El enmascarado de terciopelo 2), México y el beisbol.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Queremos que en Chiapas se lea más / Taller de capacitación Fomento a la Lectura, el Libro y Formación de Promotores de Lectura / Comitán de Domínguez, Chiapas




El Ray y el Hugo
El día de ayer 05 de diciembre, el Ray y YoMeroMaromero, nos apersonamos en la ciudad más bonita del mundo, para charlar con promotores de lectura en la biblioteca pública "Rosario Castellanos", invitados por la Oficina de Fomento a la Lectura y la Escritura, de la Red Estatal de Bibliotecas Públicas de Chiapas. Oficina comandada por nuestro querido amigo Ramón Martínez Mancilla, acompañado de Liz, Teresita y Hervin, entrañables compañeros todos, cerrando a tambor batiente (benditas analogías) el proyecto que este año nos permitió compartir tanto: Queremos que en Chiapas se lea más.


Abrió plaza mi querido Zopilote, con el cuento de Pascuala Corona titulado: Sangalote. La historia de un hombre que creía tener siempre la razón. Ray es un tremendo lector de cuentos, y en éste en particular desarrolla sus dotes de cantor, porque no debemos de olvidar que también los zopilotes cantan, y mi amigo no es la excepción. Ya antes él mismo nos contó que los zopilotes le cantan a la luna, pero eso es otra historia. ¿Les gustaría leer el cuento de Pascuala Corona? Al final de ésta entrada lo hallarán com-ple-ti-to.


Después nos dimos a la tarea de hablar un poco sobre la importancia de las charlas en las salas o espacios de lectura. Y qué mejor pretexto que en una biblioteca. ¿Y para qué sirve charlar entre nosotros? Pues para intercambiar ideas, lecturas, puntos de vista, gustos y disgustos; para reconocernos en los otros arriesgando nuestro capital cultural que es cambiante, alimentado por las charlas donde puede no mediar un solo libro físico en el momento del intercambio de opiniones, pero que después, dentro de la misma sala de lectura o biblioteca, puede recurrirse a más información que nos permita ampliar nuestro criterio sobre X o Y tema.


Expusimos un caso particular, donde surgieron opiniones que variaron de acuerdo (precisamente) a nuestras experiencias previas, a nuestras lecturas de vida y nuestros juicios o prejuicios sobre un tema que siempre da tela de donde cortar: Los roles de género. ¿Qué juegos son para niños? ¿Qué juegos son para niñas? Jugar es simplemente jugar, dice Monedita de Oro en una cumbia retesabrosa. Muchas veces los prejuicios de los adultos derrumban la imaginación de las niños y los niñas. Conozco casos donde, por ejemplo, un niño aprendió a zurcir, y no por eso es afeminado, y una niña destaca en el fútbol por encima de muchos de su salón, tanto, que es la capitana de su equipo de quinto grado, y no por eso es "macha".
¿Quieres leerlo? Dale al click
Esa mañana se dijeron varias cosas interesantes, y constatamos lo importante que son las charlas, y las muchas otras lecturas que se suscitan a partir de estas.

Zopi, cazador de lectores igual que Julio Cortázar, sacó una saeta que disparó a los talleristas. Una única flecha para más de treinta almas, a las que atrapó irremediablemente, leyendo algo del libro Querido hijo: estas despedido. Acá les comparto un fragmento:





Querido hijo:

Visto el comportamiento de las últimas semanas, cada vez  más  caótico,  unido  a  los  problemas  ocasionados por ti en los meses y años anteriores, desde que comenzaste  a  gatear  y  andar,  y  sin  que  parezca  que  vaya  a haber  ya  una  enmienda  clara  por  tu  parte,  me  veo  en la  triste pero  necesaria  obligación  de  comunicarte  tu despido,  que  será  efectivo  en  el  plazo  de  treinta  días a  partir  de  hoy.  En  este  tiempo  tendrás  derecho  a  tus dosis habituales de besos y caricias, así como a disponer  de  tu  habitación,  tres  comidas  al  día,  y cuantas prerrogativas merezcas en calidad de hijo —televisión, dinero  para  gastos,  libros,  paseos,  atención,  consejos, etc.—.  Pero  cumplido  el  plazo  que  la  ley  familiar  me otorga, mis deberes como madre quedarán por completo exentos de toda obligación, puesto que mis derechos han  sido  vulnerados  y  vapuleados  alevosamente  con anterioridad.

Lo  cual  te  comunico  en  el  día  de  hoy,  7  de  abril, para que conste a todos los efectos.

Firmado: María de la Esperanza Martínez García.


Y aprovechando que hablábamos de cazadores de lectores, como lo es Juio Cortázar, leímos "Instrucciones para llorar", del cual derivamos dos escritos (porque al final de cuentas somos animales del lenguaje) apelando de nuevo a la reflexión y creatividad de los compañeros promotores, buscando hacer divertida una instrucción (casi nadie lee los instructivos o manuales). Y fue precisamente sobre la creación de dos "instructivos". El primero: "Instrucciones para llegar tarde a todos lados", y el otro "Instrucciones para sacarle jugo al insomnio". En ambos casos hubo escritos geniales, los cuales les compartiré en una entrada posterior.


Después volvimos a compartir otra de las estrategias que tantos otros han replicado con bastantes buenos resultados, y al que aún no le definimos un nombre, pero que de manera provisional le llamaremos "Algunas Nubes" (sí, igual a uno de los títulos de la saga policíaca de PIT II, jejeje) La creación de historias partiendo de una hoja en blanco.


Esta estrategia es un éxito entre los niños, desde la creación hasta la exposición de la historia, con escenografía incluida. Juegan y rejuegan lo que cuentan. emperejilan las palabras, las salpimientan al gusto y hacen que cada personaje conviva en una realidad paralela, donde todo... TODO, es posible. Tiburones devorando montañas, fuegos que hablan y prometen portarse bien, o árboles mágicos que te hacen viajar en el tiempo.


¿Cómo nacen las historias? Pues así, de la nada y del todo. Utilizamos material reciclado y bueno, para que les cuento lo que sucedió, mejor véanlo.








El Zopi y YoMeroMaromero fuimos felices otra vez, compartiendo con los compañeros promotores. Y aunque mi corazón eterno de abril está eclipsado, mucho de lo realizado ayer fue para ella, quien me enseñó a hacer mucho de lo que hago... Por mejores lectores y escritores.
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P.d. Esta serie de fotos son cortesía de mi querido amigo y maestro Ray Zopilote... por mejores escenas.







Sangalote

Había una vez un barrendero que se llamaba Sangalote, de esos que barren las calles con unas escobas muy largas; pero Sangalote tenía un defecto muy feo: creía siempre tener l razón y por lo tanto era muy terco.

Un día barriendo, barriendo, se encontro un tlaco y se puso a pensar en alta voz, diciendo:

- ¿Que compraré? Si compro pan, se me desmorona; si compro queso, me lo comen las ratas; si compro azúcar, se me acaba; compraré garbanzos. Y compró garbanzos.

Al día siguiente se fue a trabajar. Llego a una casa, tocó y cuando le abrieron, dijo:

- Buena señora. ¿Quiere que le barra su calle?
- ¡Cómo no señor, bárrala usted!
- Bueno, esta bien -dijo Sangalote-, pero ¿y donde dejo mis garbanzos?
- Alli déjelos en el corral -le contesto la señora- y Sangalote se fue a barrer y barre que barre, se le acabó el día.

Cual no sería su sorpresa cuando al ir por sus garbanzos, se halló la bolsa vacía, porque un gallo se los había comido.
Entonces Sangalote llamó a la señora y le dijo:

- !O mis garbanzos, o mi gallo; o mi gallo o mis garbanzos!

Y la señora por tanto no alegar le dio el gallo. Y allí va Sangalote muy contento con su gallo. Todos los días se despertaba con su alegre ki ki ri ki y hasta a su trabajo lo llevaba.

Un día llegó a casa de otra señora y le dijo:

- ¿Quiere que le barra su calle?
- Sí señor, bárrala usted -contesto la señora.
- Bueno, esta bien -dijo Sangalote-, pero ¿donde dejo a mi gallo?
- Déjelo en la caballeriza -le dijo la señora.

Sangalote se puso a barrer y barriendo se le acabó el día.

Entonces se presentó por su gallo, pero no encontró más que las plumas, pues el gallo quiso comerse la cebada del caballo, el caballo se enojó y lo mató de una patada.

Sangalote llamó a la señora y le dijo:

- O mi gallo o mi caballo; o mi caballo o mi gallo.

Y la señora por tanto no alegar, le dio el caballo.

Sangalote se fue muy contento, pero como era pobre, tuvo que seguir barriendo, y así fue como un día con otro llegó a casa de otra señora y le pregunto si queria que le barriera su calle.

- Sí señor, bárrala usted -le dijo la señora.
- Bueno, esta bien -dijo Sangalote-, pero ¿y dónde dejo al caballo?
- Allí dejelo en el establo -le contestó la señora.

Y así lo hizo Sangalote y se fue a barrer. Y barre que barre se le acabó el día.

Cuando fue por su caballo se lo encontro con las tripas de fuera porque el caballo quiso comerse la pastura de toro; el toro se enojó y le encajó los cuernos. Sangalote, muy decidido, llamó a la señra y le dijo:

- O mi caballo o mi toro; o mi toro o mi caballo.

Y la señora, por tanto no alegar, le dio el toro.

Pero a pesar de ser dueño de un toro, Sangalote tuvo que seguir barriendo y un dia con otro llegó a casa de una señora que tenía una niña muy desobediente.

- Buena señora -le dijo Sangalote-. ¿Quiere que le barra su calle?
- Sí señor, bárrala usted -le contesto la señora.
- Bueno, está bien -dijo Sangalote-, pero ¿y dónde dejo al toro?
- Déjelo en el jardín -le dijo la señora-, pero amárrelo bien de un árbol, pues como el jardín no esta bardeado, si lo deja suelto se podría escapar.

Así lo hizo Sangalote y despues de fue a barrer.

El toro comenzó a mugir y la niña le dijo a su madre:

- Mamacita, el toro ha de tener sed, pues se esta quejando mucho.
- No le hagas caso -le dijo la madre-, ya sabrá el barrendero qué hacer con él cuando lo oiga mugir. Cuidado y se te vaya a ocurrir llevarlo a beber a la fuente; piensa que tiene mucha fuerza y que se podría escapar.

La niña sin contestarle se fue al jardín, pensando: ¡Qué se me ha de escapar! Son ideas de mamá.
Y así pensando llegó al árbol, desató al toro y lo llevó a la fuente. Pero sucedió que en cuanto el toro se sintió libre, echó a correr, saltó las trancas y se perdió detrás de la loma. La niña, muy asustada, se metió a la casa y sin decirle nada a su mamá, se escondió debajo de su cama.

Barre que barre se le acabó a Sangalote el día y cuando fue a recoger su toro y no lo encontró, llamó a la señora y le dijo:

- O mi toro o mi niña; o mi niña o mi toro.

Y como la señora no tenía con qué pagarle el toro, sacó a la niña desobediente de debajo de la cama y con todo el dolor de su corazón, se la entregó a Sangalote, que muy contento, la echó al costal de la basura y cargó con ella.

- Ahora sí -se decía-, ya tengo quién me haga la comida, quién me remiende los calcetines, quién me ayude a barrer; Y diciendo, se encontró a un indito que vendía guitarras.

- ¿Que haría yo para comprarme una jarana? ¡Lástima que no traigo dinero!

Y diciendo y pensando cómo haría, le dijo al indio que lo esperara mientras entraba a una panadería a ver si le daban trabajo y así podía comprarle la jarana.

Los panaderos aceptaron que les barriera Sangalote la calle; entonces éste les preguntó dónde podía dejar su costal mientras barría. Los panaderos le contestaron que en la bodega.

La niña comenzó a gritar; los panaderos al abrir el costal se encontraron a la niña quien les contó lo que había pasado, prometió no volver a ser desobediente y corrió para su casa.

Los panaderos llenaron el costal de animales ponzoñosos.

Cuando Sangalote acabó de barrer recogió su costal y se lo echó al hombro. De repende sintió que le mordian la espalda, y gritó:

¡Arre niña, no muerdas!

Cansado, se sentó debajo de un árbol, puso junto a su costal, cogió su guitarra y se puso a tocar, y al tiempo que tocaba cantó:


De mi tlaco, mis garbanzos,
de mis garbanzos, mi gallo,
de mi gallo, mi caballo,
de mi caballo, mi toro,
y de mi toro, mi muchachita,
mi pan y queso y mi jaranita.
¡Sal niña hermosa!


Y abrió el costal y salieron todos los animales y se lo comieron.

Y el cuento de Sangalote, como se los cuento yo, por una oreja me entró y por otra me salió.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Carlos Prieto / Las aventuras de un violonchelo. Historias y memorias.


A propósito de las recomendaciones del acervo bibliográfico del Programa Nacional de Salas de Lectura, les quiero comentar de un libro que no está catalogado o seleccionado dentro de las salas, pero que para mí es un ejemplar muy querido. Es un texto buenísimo repleto de referencias que obligan a detener su lectura, y repensar las conexiones que Carlos Prieto fue hallando en su búsqueda de la genealogía del instrumento que lo acompaña desde 1979. Agudos especialistas afirman que para la promoción de la lectura, los promotores deben de actualizar sus referencias bibliográficas, leer lo actual, y eso lo comparto al cien por ciento. Pero cómo dejar de lado piezas tan chidas como ésta, escrita por Carlos Prieto, uno de los más grandes músicos vivos de México, admirado y reconocido en los cinco continentes. Yo lo tengo entre mis "clásicos modernos", y con una vigencia, pienso yo, bastante prometedora, y tan actual, que me encanta.


Antonio Stradivari
¿Y cómo llegué a ésta circunstancia? Les cuento. Todo comenzó cuando compartieron una imagen en "guasap" del pasaporte (falso) del milenario faraón Ramses II. Ray comentó sobre "otro personaje" que viaja por el mundo con su feliz compañero, el músico y además extraordinario escritor Carlos Prieto ¿Quién es? Pues nada más y nada menos que el Violonchelo "Piatti" fabricado en 1720 por el laudero Antonio Stradivarius. Mi querido zopilote hizo referencia al libro "Las aventuras de un violonchelo", editado por el Fondo de Cultura Económica (vaya a la librería, pregunte, y si le ofrecen algo doblado allá usted, éste blog no se hace responsable) en 1998, y reimpreso en 1999 (ejemplar que YoMeroMaromero tengo). Tuve la fortuna de hallarlo hace más de diez años en la librería Educal (que por cierto agoniza), ubicada en el Centro Cultural de Chiapas "Jaime Sabines". 

Carlos Alfredo Piatti (1882 -1901) y "El rojo"
Ese libro lo compré gracias a la sugerencia de mi querido amigo, el doctor Recinos de León. En su momento fue una grata charla con el violonchelista mexicano, que de manera entretenida me llevó en un viaje por el tiempo (y de la música de violonchelo), más que increíble. No sólo aprendí acerca de un instrumento que me gusta, y que es a su vez una de mis frustraciones. Les cuento de volada: Resulta que en la fonoteca de la Biblioteca Central de la UNACH, escuché alguna vez (y por primera vez) algo de Bach, la Suite Nº 1 para violonchelo solo en Sol mayor. Lo sé de memoria porque después de aquella ocasión no dejé de escucharlo, cada vez que iba a descansar las resacas de mis parrandas universitarias. Después supe de otras composiciones para violonchelo, pero a la suite de Bach no la cambio. Era entonces el inicio de los años noventa, y no me afané en saber más del violonchelo. 

Anatomía del Piatti

Carlos Prieto nos cuenta del nacimiento del que ahora es su violonchelo, en los talleres de la familia Sradivarius hace apenas doscientos noventa y ocho años. Si hasta parece que fue ayer. ¿O no? Una vez nacido fue bautizado con el nombre de "el rojo" por el barniz exclusivo de don Antonio. En ese mismo año de 1720 Bach componía las seis suites para violonchelo. Muchos manos lo tocaron, reyes, reinas, lauderos, músicos de la corte, aficionados. Viajó de ciudad en ciudad, de país en país, cruzando fronteras enmedio de guerras, ocultándose en lujosas mansiones, condenada a la dura sombra y al silencio, o cruzando el Océano Atlántico más de una vez. En ese trajín uno de los depositarios y protector de "el rojo", fue el músico Alfredo Piatti, de quien obtuvo su nuevo nombre. En esa suerte de interconexiones resultan vinculados al instrumento, entre otros personajes, Haydn, Goya, Casals, Falla, Hitler, Goebbels, Einstein (que toco el violín junto al Piatti en un terceto improvisado, en una fiesta de los Mendelssohn), y otros no tan lejanos como Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis y hasta Jaime Sabines. Hoy el violonchelo (rojo... Piatti) construido por Stradivarius, pertenece a quien tiene un profundo amor por él: Carlos Prieto. Haga usted "click" en el nombre para verlos y escucharlos.

Carlos Prieto y "el Piatti"
Dice la contraportada (fragmento): En Cremona, pequeña población del norte de Italia, nació en 1720 un violonchelo que es actor importante de este libro: fue creado por Antonio Stradivarius y durante casi tres siglos ha conocido eras apacibles, turbulentas y trágicas. El personaje de esta biografía singular, extraordinaria, lleva el nombre de Piatti. 

Para descifrar sus aventuras, Carlos Prieto nos ofrece una breve historia de la laudería y de la trayectoria de sus principales exponentes, así como una relación de la música para violonchelo a través de los siglos y un anecdotario de sus viajes y conciertos con el chelo Piatti, que ya cumplió treinta años (treinta y nueve en 2018) en su compañía (desde 1979). 

Carlos Prieto
Carlos Prieto nació en la ciudad de México el 1 de enero de 1937. Fue elegido el 13 de enero de 2011 para ser el 5º ocupante de la silla XXII. El 26 de enero de 2012 tomó posesión. 

Hizo estudios de violonchelo con Pierre Fournier en Ginebra y con Leonard Rose en Nueva York. Se graduó en ingeniería metalúrgica y economía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts; además, cursó lengua y literaturas rusas en la Universidad Lomonosov de Moscú. Es considerado uno de los más destacados violonchelistas del mundo. Entre sus obras destacan Alrededor del mundo con el violonchelo, 1988 y 1989, De la URSS a Rusia, 1993 y 1994, Las Aventuras de un violonchelo, 1998-2011, Cinco mil años de palabras, 2005 y 2007 y Por la milenaria China, 2009 y 2010. Desde 1995 es Presidente de la Fundación del Conservatorio de las Rosas.

Ha sido galardonado con diversos reconocimientos, entre los que cabe citar: la Orden de las Letras y las Artes en el grado de Oficial de la República Francesa 1999, la Orden del Mérito Civil de España 2007, el Premio Nacional de las Ciencias y de las Artes en el Campo de las Bellas Artes 2007 y la Medalla Pushkin, otorgada por el Presidente de Rusia en 2008. Es, además, miembro del Consejo Asesor de Música y Teatro de Instituto Tecnológico de Massachusetts desde 1993 y miembro del Consejo Asesor de las Bellas Artes de la Universidad de Texas en Austin desde 2004.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Entrega de constancias de conclusión de preuniversitario. Septiembre - Noviembre / Teatro de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas / 28 de noviembre


Dicen que el asesino siempre regresa al lugar del crimen. Algo similar a lo vivido hoy sucedió varios años atrás, invitado por mi amigo Jorge Escobar, a quien acuso enteramente de ser el culpable de que esté metido hasta el cuello en el ingrato negocio de cazar lectores. El escenario es el mismo, el Teatro de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, en Ciudad Universitaria. En esa ocasión compartí el escenario con mi amigo Ray Zopilote.


Aquella mañana, antes de comenzar, nos dimos cuenta de que… ¡no sabíamos cómo comenzar! “Vas tú primero, dijo el Zopi”, y ¡patacuás! Salté al vacío. Ese momento verdaderamente momentáneo se encuentra disponible en el sitio de otro querido amigo: Emilio Ruiz Lláven. Fueron casi dos horas de cotorreo, de risas, emociones y vil despapaye, pero felices. Y en aquella mañana pretérita estuvo Maricela Sol Cuesy, quien años después me llamó por teléfono, y me invitó a lo acontecido la mañana de hoy.


Me acompañó mi padrino Juventino Sánchez Vera, el editor con más fe que conozco en la comarca y sus alrededores. Fue (y lo sigue siendo) el cupable (junto con Luis Daniel Pulido y Almada Broders) de la publicación de Billie Jean no es mi amante, que ha gozado de una vida saludable, si bien nada extraordinaria, al menos apacible, desde aquel lejano abril de 2012 (Abril, vientre de tristes flores. Si la ves, entrégale mi carta. Dile que vuelva con el viento de agosto… Chano Dixit).


“Tienen veinte minutos”, nos dijo nuestra querida anfitriona. ¿Qué se puede hacer con veinte minutos de impunidad, ante un auditorio de más de cuatrocientas almas? En menos tiempo cayeron imperios, secuestraron a estudiantes y los desaparecieron. En menos tiempo un cohete alcanza la estratósfera y también se puede perder a una mujer. Ahi estabámos nosotros con el tiempo en nuestras manos para atrapar a un lector. No cientos: uno.


Mi padrino abrió plaza hablando de la editorial que patrocina los cuentos ultracortos de YoMeroMaromero, de lo feliz que ha sido elaborando cada uno de ellos, y que había decidido establecer un precio especial para venderlos, compitiendo al tú por tú contra las marcas cerveceras nacionales y extranjeras. Plantándole cara a las tabacaleras, y próximamente a la mariguana, porque mi padrino es así, de arranque. ¡Treinta y cinco pesos! Y lo más osado: tres ejemplares por cien pesos. ¡Tómala, caguamón! ¡Tómala, cigarro de sabores!


No hubo más que aprovechar para decirles que si no leen se los va a chupar el sistema. Que leer les abonaba a su capital cultural. Que leer les daba la posibilidad no de tomar el poder, sino de responderle al poder, de argumentar y de hacer escuchar sus voces. Que leer y escribir (usar las palabras) quizá no los volvería unos artistas, pero de seguro les evitaría ser esclavos. Que nosotros somos lo que leemos, no sólo en los libros, también en esas otras lecturas halladas mientras vivimos, mientras nuestros sentidos experimentan y resignifican lo que nos rodea.


Por supuesto que nos reímos, pero también sé que cada uno se llevó algo, en esos veinte minutos de impunidad a mansalva, incluídos mi padrino Juve y YoMeroMaromero. Porque somos seres cambiantes, porque estamos hechos de historias, porque antes de llegar a encontrarnos anduvímos buscándonos. Porque el asesino siempre vuelve al lugar del crimen y yo regresé, encantado, para subir a la cresta de la ola y surfear, terco... feliz.


Lo demás fue lo de menos. La impunidad de firmar libritos de Dos a tres caídas sin límite de tiempo, la impunidad también de firmar los libros de otros como si fueran míos (de Héctor y Chincho) mientras respondía preguntas honestas, bondadosas, agradeciendo el aguante de los muchachos porque tuvieron un par de minutos para huir de nosotros y no lo hicieron, por interés o por morbo, vayan ustedes a saber.


Terminamos exactos los veinte minutos. El tiempo de la firmadera fue otro (bendita impunidad). Al final sólo quedó el eco de nuestras miradas en el teatro, vacío de cuerpos, pero lleno de esperanzas. Salimos mi padrino y yo por una de las puertas laterales, extasiados. Nos pareció que habían transcurrido horas dentro, pero no. El tiempo y el espacio jugando otro de sus malos ratos.


Dicen que hay vídeo en el feis, pero ni me consta porque no uso. Mi padrino Fausto pegó un enlace del mentado vídeo en tuiter. Otros buenos amigos me enviaron fotos de lo acontecido, contentos por mí, que a esas horas ya me encontraba lejos de la cresta de la ola… lejos del mar. ¿Volveremos? No lo sabemos. Lo que sí sé, es que estuve, estoy y estaré eternamente agradecido con Jorge Escobar por su empuje, por su paciencia conmigo, porque sin esa energía yo estaría quién sabe dónde, quién sabe en qué.

El Hugo de incógnito
Gracias de nuevo a la licenciada Maricela Sol Cuesy, Directora de Fortalecimiento Preuniversitario de la UNICACH. Gracias a nuestro amigo Diego Gámez, por su generosidad a la hora de aventarnos al ruedo. Gracias también a los que nos critican, porque sin ellos ésto sería sólo "miel sobre hojuelas" (benditas metáforas). Gracias... Por mejores lectores y escritores...

Mi padrino y YoMeroMaromero, extraviados pero con un chingo de fe.

martes, 27 de noviembre de 2018

Julio Verne / El castillo de los Cárpatos / PNSL



No sólo los personajes me siguen hablando en esta suerte de lamento personalísimo. Ya antes Hipócrates me dijo (sí, me lo dijo... ¿a ustedes no?): "El arte es largo", y en ésta historia de Julio Verne vaya que lo es. Dicen que lo escribió por entregas y para jóvenes, y eso se me hizo doblemente atractivo (porque soy eternamente joven). 

A cada capítulo el misterio creciendo y el miedo también. El autor nos regala una historia de amor y terror, donde se desata la angustia entre los habitantes de un poblado de Transilvania ante la posibilidad de que el lúgubre castillo situado en una de las partes más escabrosas de los montes Cárpatos, esté habitado por demonios, fantasmas y animales extraodinaros, venidos todos del inframundo. 

La Stilla, prisionera en el castillo de los Cárpatos.

Las descripciones que hace el escritor de los escenarios son generosos, casi cinematográficos, y los diálogos logran la tensión necesaria para "sentir" lo que va sucediendo desde la llegada a la meseta de Orgall, luego a las afueras del castillo, y después en el interior de éste (donde sucede lo mejor pero que no les voy a contar). 

Dice el doctor Patac: "¡Para estar mal, cualquier sitio es bueno!" Yo estoy de acuerdo, y me dispongo, igual que el impostor de Patac, igual que los habitantes de Werst (y de la novela en sí) a declarar los días martes y viernes como malignos, y a evitar salir a la calle para no encontrarme con mis demonios. Dos días que reduciré a uno solo: martes (martis díes). Martes aciago para quedarme sin ciudad y para vivir el resto en la más gótica de las circunstancias, en mi castillo interior, porque la mujer que amé se ha convertido en un fantasma. (y) Yo soy el lugar de sus apariciones. (Arreola dixit)

El Barón de Gortz se encuentra con Télek.
Dice la contraportada: Publicada en 1892, el castillo de los Cárpatos es una novela que se aleja un tanto de los temas científicos y se inscribe en la literatura gótica, cercana al género vampírico, y que resulta ser una de las historias más logradas de Julio Verne. Stilla, una exitosa cantante de ópera, es admirada por el barón Rodolfo de Gortz, quien sin hablar, sin escribirle, sin intentar acercarse a ella, la sigue por los más diversos escenarios de Europa para oírla y verla actuar, ya que para el esto se ha convertido en una imperiosa necesidad. Pero la propuesta de matrimonio del aventurero conde Franz de Trelek, y el virtual retiro de los escenarios de la cantante, ponen en peligro esta maniática aunque hasta cierto punto discreta persecución. De aquí surge una historia de escabrosas consecuencias, pues ocurren hechos extraños en el castillo de los Cárpatos, refugio del barón de Gortz. Las leyendas misteriosas serán el alimento de los pobladores de las cercanías del castillo, en el corazón de Transilvania, por más que los hechos finales se aclaren convenientemente. Novela en la que algunos han visto prefiguradas la invención del holograma y la televisión, muestra en sus páginas finales los resultados -con insospechadas consecuencias- de un envidiable manejo de la trama.

Julio Verne

Jules Verne. Nantes, 1828 - Amiens, 1905. Escritor francés considerado el fundador de la moderna literatura de ciencia ficción. Predijo con gran precisión en sus relatos fantásticos la aparición de algunos inventos generados por los avances tecnológicos del siglo XX, como la televisión, los helicópteros, los submarinos o las naves espaciales. Libros más destacados: 20.000 Leguas de Viaje Submarino, Alrededor de la Luna, Cinco Semanas En Globo, De la Tierra a la Luna, El Faro del Fin del Mundo, La Isla Misteriosa, La Vuelta al Mundo en 80 Días, Los Hijos del Capitán Grant, Miguel Strogoff, Viaje al Centro de la Tierra.