martes, 28 de marzo de 2017

Sandy, aunque te cueste un poco / Fabián Herllejos*



Los buenos amigos, dicen por ahí, son esos ángeles que te demuestran apoyo incondicional en las buenas y en las malas. Son luces en el boulevard de la vida, velas para que la embarcación que lleva nuestro nombre, nuestro rostro, nuestra forma de reír, no se pierda en altamar. Dicen.

El problema con mis amistades, y con esto quiero decir que MI PROBLEMA con mis amistades radica en la imposibilidad que tengo para elegirlas. No lo sé, supongo que hay un espacio dentro de mi inconsciente, una zona sucia, apestosa, oscura y maldita, que me hace elegir invariablemente a pura gente hija de la chingada para portar la bandera de mi confianza. Todo esto lo aprendí en junio de hace 7 años, durante un viaje a Acapulco, en el que el pretexto principal era asistir a un congreso sobre programación aplicada a los nuevos modelos industriales. Por supuesto la idea de ir a visitar la playa y ver a mujeres en traje de baño era mucho más atractiva que ver a hombres gordos sudados, adictos al hentai, hablando sobre lenguaje de programación. El desiderátum era claro: Ir a la playa, tomar, hacer tonterías, salir a bares, llevar unas extranjeras al hotel y por la mañana ir al congreso para poder descansar plácidamente durante las ponencias. Corría el año 2010, y la vida no era tan complicada como es ahora.

El viaje fue largo, cansado y castrante para quien quisiera dormir. Desconozco cómo sea en otros lugares, pero donde vivo, con los amigos que yo tengo, dormir en un viaje escolar es una señal inequivoca de flaqueza, y la debilidad se paga caro. El primero y único en caer fue Carlos "el pollo", y su castigo fue ejemplar: le dibujaron con plumón una verga enorme que nacía del cuello de su playera y le llegaba a escasos centímetros de su boca. Claro que nadie dijo nada porque no hay poder humano de redima a los soplones, y el código de ética humana (en ese camión) impedía una vileza de ese tamaño. Dieciocho lapidantes horas cayeron sobre nosotros durante ese viaje, nadie quería despertar de una cachetada o con una serie de ilustraciones fálicas en la cara. Para hacer más ameno el viaje comenzamos a platicar acerca de la delincuencia organizada y del narco que hay en dicha zona costera (días antes encontraron a cuerpos decapitados en una de las avenidas más concurridas de la ciudad) lo que llamabamos Acapulco, en cuestión de una hora de charla se volvió "Acapulpunk", ya no estabamos seguros de ir a ningún lado que no sea el hotel, y la idea de salir con veinte extranjeras cada uno se habían ido a la chingada. Plan B: embriagarnos y evitar ir a lugares en donde no hubiese menos de docientas personas. Las caras se alargaron y tomaron la invariable forma de la decepción, esa mueca horrible que hace juego con la miseria. Paco, el cristiano del viaje, era la gran excepción: él se veía contento, sonriente y había algo en su mirada, que años después identifiqué como ilusión, Paco con su mirada inocente contrastaba con el aire pesaroso del lugar. Cuando llegamos al hotel, a eso de las once de la mañana, decidimos ponerle pausa a nuestro calvario: por votación unánime se llegó al acuerdo de dormir sin el temor de despertar con un "soy puto" en la frente.

Las horas pasaron y el descanso fue largo, hasta que el ruido seco de unos golpes en la puerta de nuestra habitación se hicieron presentes. "¡Salgan de ahí, hijos de su puta madre, vamos a echar fiesta!" nadie se movió "¡Ya dejen de masturbarse, salgamos por unas 'nenuquis' ¿o le sacan?" la misma respuesta: silencio. Los golpes aumentaron así como la fuerza con la que se dejaban caer sobre la puerta, hasta que Omar decidió ponerle fin al calvario, se levantó y abrió la puerta. La conversación se tornó rarísima desde el comienzo:

- ¿Paco? ¿Estás borracho? Güey, si tú no tomas...
- Eso te vale madres, ando bien periqueado, papá...
- No la chingues, Paco. Llegamos hace rato y tú ya andas bien puesto ¿No que muy cristiano?
- Pues sí, pero uno debe experimentar cosas nuevas y cheverísimas...
- ¿Cheverísimas? Pero de qué verga hablas, Paco ¿Qué es eso de Cheverísimas?
- Bueno, van a salir o se van a hacer pendejos...
- No wey, hoy no. Mañana yo creo, vamos a dormir un rato más...
- No manches mi chavo, están bien moles, si apenas es la una de la mañana...
- ¿La una? ¿No manches? ¿Moles? ¿Quién eres cabrón...?
- El que les va a pagar la peda si salimos en menos de cinco minutos de acá...
Entonces la conversación se volvió dulzona, e interesante.
- ¿La peda? ¿A dónde vamos?
- A un bar, algo tranquilo, levis, discre, algo a go go...
- Juega, pero con la condición de que dejes de decir esas mamadas... ya salimos.

No tardamos demasiado, nos pusimos los tenis, sacamos una playera y sobre los cuerpos sucios dejamos caer el aerosol que nos daría acceso a las piernas de unas extranjeras. Por mi cabeza pasó, por un brevísimo momento, la idea de que quizá esa noche conocería a la mujer con la que me quedaría por el resto de mi vida, quizá una Ucraniana o una Brasileña, alguien que estuviese trabajando en Acapulco en algo referente a la fauna marina o algo similar y que después de un día pesado de trabajo decidió salir con unas amigas a tomar unas copas, entonces se encontraría conmigo y le parecería atractivo: el típico prietito serio, con unos aires interesantes, que sale con unos amigos a beber unas cervezas y se regresa a su hotel; la idea no le parecería mala, entonces me coquetearía, yo le alzaría la copa y ella sonreiría, vendría a mi mesa, mis amigos me verían boquiabiertos y se irían a murmurar a un rincón mientras me ven con alegría y envidia, ella con un martini de manzana y yo con un pulque de guayaba: Todo perfecto. Sonreí en silencio, mientras me untaba gel para verme lo menos despeinado posible.

En este punto seré breve: El lugar que para Paco el cristiano era "tranquilo, levis, discre, a go go" era un bar llamado La Langosta feliz. Cuando llegamos el recibimiento fue un baile con desnudo incluído, de muchachas que eran clientas del lugar y que se cruzaron en una batalla de "atrevimiento" cuyo premio era una botella de Bacardí o Don Pedro, dependiendo de "la calidad de las carnitas" a palabras del animador. Paco comenzó a pedir cervezas y nosotros, Sergio, Omar, Rosendo y yo, comenzamos a mamar, como Romulo y Remo, de las tetas de nuestra cristiana y ahora drogadicta loba.

La madrugada se nos fue entre jarras de cervezas y cocteles de colores, las chicas -lejos, muy lejos, de lo esperado- nos veían con nuestras masculinas "medias de seda" brindando por Paco y su viaje iniciatico al mundo de la adicción y los excesos. En un momento de calma, cuando el bar estaba por cerrar y Omar se tomaba lo que le quedaba de su "sexo en la playa", el cristiano derramó lágrimas.

- Amigos, me siento feliz de estar con ustedes. Les quiero confesar algo - dijo, haciendo un puchero apenas perceptible en su cara de inocencia - Jamás he visto el mar y me gustaría ver el amanecer con ustedes.
- Qué puto eres Paco, verdad de dios.
- No mames, Sergio, no seas cabrón. Paco ya puso la peda, debemos acompañarlo, no hay que ser mal agradecidos - dijo Omar arrastrando un poco la voz, chupando la cereza de su coctel de forma cadenciosa y con un ímpetu extraordinario.

Paco dijo que podíamos ir con unos lancheros y pedir que nos llevasen mar adentro "Yo creo que con 30 varos la armamos" Esa fue la sentencia. Caminamos por la playa, aún oscura, mientras escuchabamos el oleaje imponente, no supe si fue por la borrachera o el cansancio pero durante esa caminata de quince minutos a la orilla del mar Paco fue en silencio, con la mirada serena, contemplando las estrellas que comenzaban a ceder ante la luz del alba, faltaba poco para las seis de la mañana cuando encontramos a tres lanchas varadas. Fuimos directamente hacia una y notamos que dentro de la misma había un hombre acostado.

- Buenas, buenas... -habló Rosendo, despertando al hombre que dormía en la que supusimos era su lancha.
- Buenas jefe ¿En qué le puedo servir?
- Manito, queremos saber si haces viajecitos mar adentro para ver el amanecer...
- Sí jefe, nomás que esos viajes se hacen regularmente en pareja y en la tarde.
- Oye mano, pero es que queremos ver el amanecer desde el mar ¿Cuánto nos cobrarías?
- Pues si van los cinco, mil pesitos mi jefe
Nos vimos entre los cinco y pusimos cara de "no mames, este cabrón nos quiere bajar el cuero".
- ¡Uy! pues ni pedo - dijo Paco
- ¿Cuánto traen pues, jefe?
- Traemos docientos pesos - dijo Paco guiñándonos un ojo.
- Jaja, pues es que está cañón por docientos pesos...- El hombre de la lancha se quitó la gorra y se rascó la cabeza, haciendo una mueca de resignación - Pues bueno, docientos pesos y un doce de chelas, jefesito, ando medio crudo y pues pa llevarla leve entre los seis que vamos a jalar ¿Qué le parece?
- Chingón, me parece. - Respondió de inmediato y con emoción Francisco.- Ahorita voy en chinga al oxxo paso la tarjeta y ya regreso.
- Pues vaya en chinga jefesito, porque ya mero amanece.

Paco se fue corriendo junto a Rosendo a buscar una tienda abierta. Creímos que las cosas no mejorarían, cuando a los quince minutos los dos atletas regresaban con un doce pack cada uno. "Vamonos, cabrones" gritó a lo lejos Rosendo. El lanchero, que quizá medía 1.90, se subió a la lancha igual de emocionado que nosotros cinco. Nos subimos cuando el cielo oscuro comenzaba a tornarse celeste.

Durante el trayecto, pude notar que el lanchero era blanco con la piel bronceada, signo inequívoco de las horas que pasaba bajo el sol ardiente de la playa; tenía una barba tupida que hacía juego con su cabello ondulado y castaño, su short no bastaba para cubrir sus piernas gruesas y la camiseta dejaba notar que no era ningún flacucho, tenía músculos que si bien no eran demasiado estéticos podían dormir para siempre a un cabrón incauto, de un chingadazo. Probablemente era un hippie que había renunciado a su vida de trotamundos y se había quedado en Acapulco para trabajar, o probablemente era hijo de algún amorío entre una Ucraniana o Brasileña con un prietito que se había hecho el interesante en una noche de copas "Mi hijo podría ser como este cabrón si pego chicle por acá" pensé. El motor disminuyó la potencia hasta apagarse, y acto seguido se escuchó una lata abrirse "Que role" dijo Sergio abriendo una tras otra las seis latas. Empezamos a beber y a charlar mientras veíamos el horizonte, ese espacio nítido en donde se une el agua y el cielo. Entonces Paco tomó la palabra nuevamente.

- Amigos, neta, este momento es sumamente especial para mí. No conocía el mar y ahora estoy con ustedes a punto de compartir una de las imágenes más hermosas de mi vida. Salud, cabrones, los quiero un chingo. - Dijo alzando su lata de cerveza.

Brindamos y el lanchero nos veía desde la parte trasera, a un lado del motor que impulsaba la embarcación.

- Hey carnal, ven, únete. También eres parte de esto. - Invitó Paco, a lo que el lanchero respondió acercándose con una sonrisa amplia. Se veía contento.
- Gracias jefesito, 'ta bonito el lugar ¿No?
- Sí, está a toda madre. Estoy muy feliz, neta güeyes. Mira él es Omar, él es Sergio, este de acá es Rosendo, y por acá está Fabian, yo soy Francisco ¿Tú cómo te llamas, hermano?
- Yo soy Sandy.
Escupí la cerveza que tenía en la boca y la que estaba tragando salió por mi nariz. Comenzamos a reír.
- No mames, al chile güey ¿Cómo te llamas?
Al lanchero mamado se le borró la sonrisa, entonces entendimos que no jugaba.
-Sandy, aunque te cueste un poco, carnal...
Nos quedamos fríos.
- Perdón hermano, no pensamos que fuese en serio. Neta disculpa. Tu nombre está chido a comparación del mío "Rosendo" ¿Qué clase de padres le desmadran la vida a su criatura desde antes de nacer? Los míos, a huevo. - Dijo "chendo" intentando alivianar la tensión creada por nuestra falta de tacto.
- Sí, me dicen así, y bueno no son los primeros que se burlan, no se preocupen. Uno está acostumbrado a vivir con ciertas cosas, pero siempre me queda el mar. Aquí uno es nada. Allá en tierra todos se creen por encima de todos. 'Ta jodido el desmadre allá.

Guardamos silencio sospechando que lo decía por nosotros y por la poca madre que tuvimos al reirnos. Estoy seguro de que en esos minutos aparte de mí los demás también sintieron culpa. Seguimos tomando, intentando cambiar la plática. Comenzamos a hablar de mujeres, del viaje, de lo rica que es la coctelería dulce. Brindis por Paco, Brindis por Sandy, Brindis por Rosendo, por llevarnos al mar a la fotografía más increíble de lo que hasta ese momento eran nuestras vidas. Un poco más borracho y con menos líbido, Paco tomó la palabra de nuevo.

- Oye Sandy y, la neta, ¿Cómo le haces cuando sales con una chica? No es mal plan, pero si le pregunto a alguien "Oye Carmen ¿Cómo se llama tu pareja?" y me responde que Sandy, la neta pienso en dos lesbianas tijereando machín.
- Pues es que no me llamo Sandy, cabrón. Así prefiero que me digan.
- ¿Cómo?
- Sandy no es mi nombre.
- Entonces ¿Cómo te llamas?
- Mi nombre es Sandalio.
- ¡Ah no mames! Sí está bien culero tu nombre, con razón. Imaginate, si te llevaras con Fabian segurito ya te hubiera clavado "el chancleto".

Momento de tensión, comencé a sudar. Silencio incómodo nuevamente. Esta vez Sandy se acomodó y creímos que usaría la fuerza asesina de sus brazos para reventarle el rostro inocente a Francisco por andar de imprudente, pero no: se puso más cómodo y de la nada comenzó a reír. Todos un poco extrañados comenzamos a reír, inseguros de estar haciendo lo correcto "No mames paquito, neta estás bien pendejo. a otro ya le hubiese quebrado la madre" Reíamos pero también sabíamos que no estaba bromeando. La escena no se me borrará de la mente jamás. El cielo ya estaba celeste y los seis nos quedamos en silencio, esperando a que el sol se asomara en el horizonte azul. Un último brindis, esta vez en mutis...

...Pasaron unos minutos y el sol no salía...

- No mames, ya casi no hay chela
- Cállate y mira como la madre naturaleza nos besa con el calor del sol, en silencio, animal...
- Pero...
- Cállate...

... Otros cinco minutos. Entonces lo supe: un calor invasivo comenzó a hacerse presente por la parte de atrás de mi cuello. El sol salió desde la costera y no desde el horizonte marítimo.

- ¡Pinche Chancleto hijo de la gran verga! ¿No que se veía bien bonito la salida del sol? - dijo Paco, enojadísimo y borracho (más borracho que enojado).
- Pues se ve a toda madre ¿Que no? ¿Ustedes estaban esperando que saliera desde el mar? No me chinguen, es geografía básica.
- Quiero que me devuelvas mi dinero...
- Pero si no me han pagado.
- ¡Ah puta! Solo faltaba que nos cobraras...
Sandalio se echó a reír, entonces se paró y se quitó la playera. Pensamos que esta vez sí nos golpearía por culpa de Francisco, pero no. Sandalio parecía borracho y y comenzó a gritar como loco, con una gran sonrisa, como festejando algo.
- Órale, nos metamos al agua, se ve riquísima. - dijo mientras se quitaba los tenis.
- No, no mames. Andamos bien pedos - respondió Sergio.
- No le saquen...

Entonces me di cuenta que Sandalio solo había tomado una cerveza. No estaba borracho: no me pregunten por qué, pero estaba feliz. Se desabotonó el short y lo dejó caer. La escena era sumamente incómoda, pero nos aferramos a la fe, la fe de que trajera alguna especie de ropa interior pero no. Comenzó a brincar y a mover la lancha de forma violenta. Estaba a lado suyo, sentado y mirando al frente sin despegar la vista de Omar que observaba con asombro el acontecimiento, solo veía de reojo cómo la silueta de un bulto iba de aquí para allá con un movimiento pendular y armonioso. Me descubrí rogándole a cualquier cantidad de santos para que el marro de Thor no azotara contra mi frente.

- No sean putos -dijo seguro de sí mismo- Métanse al agua.
- No ¿Cómo crees? -respondió Sergio, inseguro de sí mismo- Me da frío.

Sandy se aventó al mar y comenzó a juguetear tirándonos agua a la lancha. Paco sonreía, se le veía feliz también. Sandalio gritaba "¡Por el pinche paquito y los cuatro putones que no dejaban de verme la pija, por la vida, por lo hermoso que es vivir, por el mar, por lo pequeños que somos, salud!". Las cervezas habían terminado y Sandalio se había alejado bastante de la lancha, lo necesario como para preocuparse.

- No mames, pinche Paco, dile a tu novio que regrese para irnos al hotel ya. Ya estuvo bueno. - dije
- Míralo, se ve feliz el güey -respondió.
- Cabrón, no le vaya a pasar algo, nos meteríamos en un broncón. Dile que venga ya.

Entonces Omar, Sergio y Rosendo comenzaron a gritarle, casi rogando para que regresara, pero Sandy hizo caso omiso. Entonces Paco gritó "Ya nos queremos ir ¿Cómo le hacemos?" y a lo lejos se escuchó "Váyanse ustedes, dejen la lancha en el embarcadero donde nos vimos. Los de ahí ya saben qué pedo". Entonces Paco, tampoco me pregunten porque no lo sé, encendió el motor de la lancha y esta comenzó a avanzar.

- No mames, Paco. Estás bien pendejo, no lo vamos a dejar.
- Mira, hay de dos sopas: o él está en armonía con Dios, o yo estoy muy borracho y estoy cometiendo un delito. Él no está pedo, nosotros sí. Si decidió quedarse es porque algo está bien o está muy mal, Dios es así. Me voy borracho pero muy en paz. Hoy vi al sol salir por el horizonte, a un hombre feliz y a mis mejores amigos reflexionar sobre la vida mientras esperaban a ver el alba ¿Ustedes qué vieron, idiotas?

No supe qué responder. Llegamos al embarcadero y un lanchero mucho más viejo nos preguntó "¿Qué? ¿Se volvió a quedar en el mar? Ese mi hijo no tiene juicio" Solo le sonreímos, bajamos de la embarcación y caminamos hasta el hotel. Juro que hasta el día de hoy me pregunto por qué tuvimos la imperiosa necesidad de dejar los cuatrocientos pesos que cada uno llevaba dentro de uno de los tenis de Sandy ¿Culpa? ¿Quisimos pagar experiencia de habernos re-descubierto de cierto modo? Caminamos hasta el hotel bajo el sol furioso de la costa, Paco con una sonrisa, la de siempre; nosotros cuatro, Sergio, Omar, Rosendo y yo fuimos todo el camino en silencio, seguros de haber visto algo y no saber qué. Por la tarde, sin ganas de hacer otra cosa, salí a dar un paseo a la playa, por el embarcadero en donde conocimos a Sandy, no había nadie. Vi su lanchita y pude observar que en la parte lateral de la embarcación decía "Romanos 13:10", una cita bíblica que jamás me atreví a consultar, el sol estaba ocultándose en el horizonte. Los tenis de Sandy seguían en donde los habíamos dejado.


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*Fabian Herllejos

Nace en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas,  el 29 de Octubre de 1988. Ha sido colaborador en diversos suplementos culturales de periódicos de Chiapas; ha participado en eventos nacionales e internacionales, como invitado en mesas de lectura y como juez en concursos de cuentos. Ha escrito “Cartas de amor para mujeres que no van a los antros”, compendio de cuentos que actualmente se distribuyen en Guatemala, por Sión Editorial. Es integrante del colectivo literario La Palabra Canta, y actualmente trabaja en varios proyectos de cuentos y una novela. Estudiante de la licenciatura en Lengua y Literatura hispanoamericanas.

sábado, 25 de marzo de 2017

EL HARAGÁN RAMÍREZ EN LA TELESECUNDARIA 263

El día viernes 24 de marzo me preparé para visitar la escuela telesecundaria Dr. Manuel Velasco Suárez. ¿La razón? Hacerle el quite al buen Fercho, que por sus múltiples responsabilidades se le hacía imposible asistir. El panorama era el siguiente: Una actividad de promoción de lectura y escritura para 150 alumnos, con un taller efímero que lograra la magia que pensamos existe (quienes nos dedicamos al fomento), ganando de entre los asistentes algún lectoescritor.

Decidí invitar al Haragán Ramírez, para que asistiera y llevara a buen puerto este compromiso de mi compa. A las ocho de la mañana el Haragán Ramírez esperaba puntual a quien lo llevaría a la escuela antes referida. No es habitual ver a un enmascarado a esas horas de la mañana, y menos con la legendaria tapa del Blú (Blue Demon), una de las muchas máscaras del Haragán, que es tan su nombre, que no se ha tomado la molestia de diseñar su propia máscara.


Sonó mi celular, contesté. Era la profesora "C1" diciendo que no podrían ir por el invitado (el Haragán) porque estaban muy ocupados, y me pedían tomara un taxi y que allá se lo reembolsarían. Además, advirtió debía de revisar veintitantos poemas y escucharlos leer. Colgué, le comenté la situación al luchador, quien me dijo que una hora antes había comprado un medicamento y se había quedado sin dinero... no quería exponerse a una situación incómoda que lo llevara a pagar el traslado con un par de patadas a la Filomena o la Noria, llaves inventadas por el Murciélago Velázquez, y que después enseñara al Blú, y que según el dicho del Haragán, el mismísimo Blú en persona le enseñó a él. Y de lo segundo, que solo disponía de media hora y no podría quedarse a leer y a escuchar, que no era grosería ni mucho menos, y que en otra ocasión con mucho gusto, y bla bla blá.


Iba a decir que cancelábamos su participación, cuando el teléfono volvió a sonar. Era la profesora "C2", quien me dijo ya venía en camino para trasladar al Haragán hasta la escuela, previo itacate chiapaneco, por si no había desayunado. El luchador agradeció el gesto pero me dijo solo deseaba llegar al pancracio, contar su experiencia lectora, algunas historias y un par de ejercicios para divertirse y aprender.

La profesora "C2" llegó en pocos minutos. Bajó de prisa, y nos advirtió que el asiento del copiloto estaba mojado, cosa que constaté al poner mi mano sobre el tapiz. Me dijo:"...aprovechando el rojo del semáforo, bebí un poco de agua. De pronto se puso la luz verde, comenzaron a pitar, apurándome. Según yo tapé el bote pero no, al arrancar se derramó el agua... me da pena que se siente usted y se moje. ¿No tiene inconveniente en ir sentado atrás? Dije que yo no iría, sino el enmascarado, y señalé hasta donde estaba el Haragán, quien se encontraba posando junto a varios curiosos que querían una foto con él.

A partir de acá les contaré de lo que me contó el Haragán, porque yo no asistí. En realidad le pedí algo más fácil, que me escribiera una carta como si fuera para un amigo que habita en la lejanía:


"Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; 24 de marzo de 2017

Estimado Hugo:

Espero te encuentres gozando de buena salud y mejor ánimo en compañía de tus familiares y amigos, allá donde te encuentras...en la lejanía.

Ayer me sucedieron varias cosas inesperadas. Una maestra de quien he olvidado el nombre, llegó por mí para ir a una escuela telesecundaria, al norte de la ciudad. Después de esperar a que terminara de tomarme fotos con algunos de mis admiradores, de firmar autógrafos, y de escuchar lances imposibles de detener a causa de mi personalidad avasallante (papasote... apachurro... a cuánto el costalazo), como tú bien sabes, me abrió la portezuela del asiento trasero del coche. Yo me saqué de onda, pero me dije: es un trato especial porque soy el Haragán Ramírez y de seguro la he intimidado, o tal vez sentado en el asiento del copiloto le provoque algún deseo fuera de lugar, y no me extraña, porque soy imponente, modestia aparte.


Mientras la maestra me contaba de cómo enseña ella a sus alumnos, yo aprovechaba para saludar a mis admiradores, quienes desde sus respectivos vehículos me lanzaban miradas de curiosa admiración, las mismas vistas aquella memorable tarde en el Coliseo Roma, cuando resistí todo el arsenal de llaves que el Turipache Asesino me aplicó, sin piedad. Pero me estoy desviando del tema. Te contaba que durante el trayecto repartí saludos a diestra y siniestra, y posé para algunas cámaras de teléfonos móviles, que desde los coches destellaban una y otra vez.

Llegamos a la escuela donde me vería con 150 chamacos, pero resultó  que eran más de 500 adolescentes reunidos, un ejército parecido al que enfrenté en aquella cinta épica, donde daba un salto cuántico por una fisura espacio temporal desde el ring hasta un enorme valle, y un tal Rodrigo Díaz de Vivar me palmeaba la espalda y me decía: Haragán, monta a Babieca, el corcel más valiente que la caballería tenga en memoria. ¡Qué película! ¿La recuerdas? Es una pena que nunca se estrenara. Quizá fue el título El Haragán Ramírez y el Cid Campeador contra la U.R.S.S., si le hubieran puesto contra Los Musulmanes, hoy sería un éxito.


Te decía, me llevaron hasta donde un enorme presidium y me presentaron con tu nombre. Quise aclarar el asunto pero la maestra de ceremonias era necia. Y Hugo Montaño para acá... y Hugo Montaño para allá... y yo desesperado, haciendo señas para corregirla sin lograrlo. Por algún extraño sortilegio, la conductora tuvo el atino de presentarme. "...cedo los micrófonos (yo le vi solo uno en la mano) al Haragán Ramírez, para que nos cuente..." Me dije a mi mismo: ¡Que los cuente el inegi, son muchísimos!... ¿Y los demás micrófonos? Luego pensé que quizá colocarían más para una rueda de prensa espontánea, igual a la de aquella tarde de noviembre, después de un mano a mano contra el "Mil Cáscaras", a quien despojé de su máscara, llevándome la sorpresa de que llevaba otra más abajo (y tiene muchas más, una debajo de la otra, como si fuera una cebolla), y fue entonces cuando anuncié mi retiro de los cuadriláteros. Esa tarde llovió toda la noche... ¿Lo recuerdas, Montaño?


Cuando comencé a hablar, los chicos me escuchaban atentísimos. me movía de acá para allá y me seguían con la mirada. Sin más les conté de cómo me había iniciado en la lectura, en la secundaria precisamente, aunque no me gustaba mucho, me gustaban más los porrazos y las machincuepas, volar desde la tercera cuerda, dar topes igual al "Rayo de Jalisco", o ensartar dolorosas "lanzas" a lo "Perro Aguayo". Y sí, me confesé Rudo. Después les hablé de las lecturas y de los personajes que vivían dentro de mí, de que yo tenía muchas vidas y les fui relatando algunas de ellas, que salieron de Crónica de una muerte anunciada, Metamorfosis, El diario de Ana Frank, Benzulul y La Odisea.


Les hice también un poco de magia con un libro que tomé prestado de tu librero, querido amigo Hugo (si no lo sabías acá te entero, jejeje) Hicimos magia, y debiste de ver sus caritas de sorpresa, con la chispa del asombro en sus miradas, esa chispa que solo he visto cuando luchaba en el Coliseo Roma, y pequeños y grandes se admiraban de mis lances tan exquisitos... modestia aparte... claro está.

Después de algunas pequeñas dinámicas sobre cultura general, me despedí porque solo tenía media hora disponible, ya sabes, mi agenda está saturada, y casi no acostumbro salir enmascarado, y tú mejor que nadie sabe, querido amigo, que me debo a la gente, la misma que me detiene en la calle y me dice que el bonito autógrafo... y que la bonita foto... y que cuándo vuelves al pancracio... y que si los exóticos de verdad son mampos o solo es choro... y que si la lucha es de verdad o pura pantomima... y que ven, que acá cerca hay un botanero... y que está duro el calor... y que quítate la máscara, acá en corto, que nosotros te hacemos casita, y... así.


La maestra que me llevó, rauda me regresó hasta tu oficina, donde te busqué sin éxito. Lo que si me hallé fue a más admiradoras y admiradores y otra vez que qué está haciendo por acá, mi Haragán, que cuándo publicaré mis memorias, después gritos a lo lejos de mujeres: Hazme la quebradora... quiero la Hurracarrana, que enséñame el Monstruo de las dos Espaldas... que el Salto de la Campamocha... y así. Te adjuntaré algunas fotos de la actividad y otras de algunos fans, que dicho sea de paso, son rete a todo dar.

Me despido de vos, querido amigo, esperando haberte ayudado en esta actividad a la que a mi casi me provoca azúcar. Me debes un caldo tlalpeño, sólo avisa cuándo para no ir enmascarado y no despertar ninguna pasión fuera de lugar... y porque no me gusta el caldo con popote.

Quien te quiere un chorro y dos montones, tu ídolo (lo soy, Montaño, no te hagas)

El Haragán Ramírez".


jueves, 16 de marzo de 2017

Bugatti... Red Estatal de Casas de Cultura




Dicen (y dicen bien) que nadie es profeta en su tierra, sin embargo me llevé una sorpresa por parte de mis compañeros de trabajo, el día 03 de marzo, en el Ex convento de Chiapa de Corzo. ¿De qué hablo? Le demos forma a la historia.


Estaba en el Sector C, cuando una compañera se asomó a mi cubículo para decirme que se me requería en una reunión, a unos pasos de donde me hallaba. Estaba enfrascado en integrar un paquete de datos para un informe que era de carácter urgente... qué digo urgente... urgentísimo.


Me asomé a dicha reunión, donde de botepronto se me preguntó si conocía alguna dinámica para compartir con cincuenta compañeros de diferentes casas de cultura. Al principio dudé un poco, me agarraban con la "urgencia" de aquellos datos "urgentes", y me "urgía" cumplir con esa "urgencia" porque de ellos dependía gran parte de las actividades futuras. Sin embargo apechugué, expliqué que era cuestión de saber qué se quería trabajar, para decidir la dinámica.


Después de proponer varias ideas terminé por elegir y aconsejar el trabajo por equipos para armar "una idea", que a su vez está llena de buenas ideas, las cuales son en la actualidad de uso más que cotidiano y por ende, poco apreciadas. ¿Y cuál era esa idea? El ensamblado de un carro que se moviera de manera autónoma y con una eficiencia aceptable.


Propuse esto con la finalidad no sólo de "entretener" y "relajar" a los participantes, sino también de entregarles una actividad que fuera posible replicar en las casas de cultura. Dicha dinámica utiliza en su mayoría elementos reciclados: tapas de garrafón (neumáticos), ejes (agitadores de plástico), soportes para los ejes (papel reciclado tamaño carta), un chasis (pedazo de cartón); y dos materiales fáciles de adquirir: veinte centímetros de diurex como mínimo (para ensamblar las piezas) y un motor (globo mediano o grande).


En mi caso, y dada la premura de la solicitud, armé un "Bugatti" con elementos hallados en el Sector C,  materiales arriba mencionados, excepto el motor. Utilicé un preservativo que un compañero tuvo a bien donar para el bien de la dinámica (nuevo de paquete). Tomé el tiempo que tardaría en armarlo, que fue de aproximadamente quince minutos.


Presenté el modelo ensamblado a mis coordinadoras, las que aceptaron dicha propuesta para ser ejecutada esa mañana del día viernes, en el Ex convento. Hicimos un recuento de los materiales necesarios para elaborar el "Bugatti", los cuales reunimos a lo largo de la semana, con la jefa del departamento de promoción cultural, la antropóloga Rocío Portilla, ungida nuevamente como la responsable de las casas de la cultura, en coordinación con las casas de la cultura del CELALI.


Y como dicen los que saben, "no hay plazo que no se cumpla ni fecha que no se venza", llegó el día esperado por mí (no sé si por los demás) para encontrarnos con los compañeros directores y promotores culturales de las casas de la cultura del estado de Chiapas.


Después de presentarse cada uno de ellos, se les dio una charla introductoria, y después de media hora entré a escena, saludándolos y presentándome para aquellos que no me conocían. Después expliqué por qué me hallaba frente a ellos, la razón por la que iba a ponerlos a trabajar. Yo soy un creyente de la construcción, y de la compartición. Estaba frente a ellos para invitarlos a desarrollar una idea que después ellos replicarían o no en sus municipios, con gente de su región.


 Y era eso el espíritu, una idea, porque las buenas ideas para que se realicen y sigan sosteniéndose como tal, deben ser ideas que a uno le importen, porque si una buena idea solo se queda en eso, y después no le importa a quien la propone, mucho menos le va a importar a quien se le comparte.


La pregunta era simple, ¿la rueda es una buena idea? Sí. ¿Un automóvil es una buena idea? Sí. ¿Las casas de la cultura son una buena idea?... ¿Coneculta es una buena idea? Coincidimos en que sí, que son buenas ideas, pero que esas buenas ideas estarán condenadas al fracaso si no nos interesa. Nosotros, los trabajadores de este Consejo, deberemos de hacer que esa buena idea nos importe, porque si nos importa a nosotros no le va a importar a nadie.


Sin más preámbulos nos contamos del uno hasta el diez, resultando diez equipos de aproximadamente seis integrantes cada uno, a los que se les dio una bolsa de papel con los elementos antes mencionados, y quince minutos para resolver el armado del Bugatti.


Pude observar que la actividad fue bien recibida en lo general, integrando a los compañeros de distintas regiones, logrando el primer cometido: trabajar en conjunto. De los diez equipos al menos seis se integraron casi de inmediato, y el resto tuvo algunos contratiempos no por falta de ganas, sino por falta de coordinación.


Dentro de los quince minutos debería de ensamblarse los "Bugattis" y debería de darnos tiempo para ponerlos en funcionamiento, y de paso realizar una carrera, para ver qué equipo lograba la mayor eficiencia en la funcionalidad de sus unidades. Obviamente los compañeros talleristas (geniales ellos) de Alas y Raíces, y yo mero maromero, llevábamos nuestro Bugatti con el super motor preservativo ultrasensible para que compitiera con los demás.


 Desde el día en que se concibió la idea del taller, hasta el momento de la carrera entre los carros generados por nosotros, habían transcurrido casi tres semanas. Me fijo en eso porque es un compás de espera donde se te cruzan ideas de todo tipo. Piensas en lo genial de la idea, luego igual termina resultando que esa idea la consideras absurda, luego la consideras insuficiente, después vuelves a recuperar la genialidad del suceso.


Y así, altas y bajas porque es meramente experimental, pero igual de valiosa que cualquier otra actividad donde se busca compartir una buena idea, y deseas que esa buena idea les importe tanto o más de lo que te importa a ti, que en mi caso fue bastante, tanto, que la preparé desde el primer día en que se me pidió pensar una actividad para los compañeros de casas de cultura.


Quiero hacer mención de que esta actividad no es una idea original de mi parte. Esta actividad me fue compartida hace años por otros colegas con verdadero interés en hacer innovaciones en las maneras de trabajar la creatividad, buscando romper esquemas dados en actividades anteriores, donde se busca solo mantener entretenido al asistente al taller, que pasé el rato y despúes se vaya como llegó: sin un aprendizaje significativo.


Cada actividad debe de ser (en la medida de lo posible) como un movimiento de ajedrez, donde cada acción obedece a un plan general, que se respalda en una o varias técnicas concretas para lograr significar algo en quien lo ejecuta. Mi plan era que esta "dinámica" no solo les entretuviera, sino que la hicieran suya para replicarla cuantas veces se requiera en cada una de sus casas de cultura, a un costo muy bajo.


Una idea que, desarrollada con la importancia justa, podría regalar no solo bastante tiempo de diversión, sino mejoras tanto en los modelos armados, como en los procesos de experimentación entre los asistentes a la casa de la cultura X, haciendo escalable dicha actividad. De hecho ahí mismo se dio la posibilidad de construir con las hojas recicladas restantes, la carrocería de los Bugattis.


Como pueden observar en las fotografías, la elaboración de los automóviles parece sencilla, pero tiene un grado de dificultad, el montaje del motor.


Ya antes había hecho la actividad de ensamblar una idea bastante popular y cotidiana hoy día, que es la de hacer volar un avión en línea rectoa, desde un punto A hasta un punto B, a una velocidad constante, durante un mínimo de tiempo de vuelo de cinco segundos.


Pero esa actividad ya la había realizado con los compañeros del Centro Estatal de Lengua, Arte y Literatura Indígena, y aunque los otros directores desconocían el tipo de artefacto a realizar, debían a mi parecer vivir la experiencia de elaborar un artefacto distinto, con la experiencia de los compañeros del CELALI.


Esta actividad no excluye a los que por alguna razón no finalizan, ni se les oculta la solución que otros hallaron en menor tiempo en dicha actividad. Al final se comparte la experiencia, y lo realiza el equipo ganador, o un representante del mismo. Una actividad que después, durante el receso, seguía dando de que hablar, para bien o para mal.



Con un poco más de tiempo ( y con algo de trabajo de espionaje de los diferentes equipos, que es valido y hasta lo recomiendo) se hubieran terminado de elaborar la totalidad de los carros, y la carrera hubiera resultado fenomenal. pero era la primera vez con ese artefacto para ellos y también para mi, a quien también me dejó una enorme enseñanza.


En lo particular me fue enseñado que cada taller que se imparte debe tener una finalidad. Si doy un taller de Origami, debe, además de enseñar a realizar figuras estilizadas de papel, ejercitar una acción determinada, un proceso o procesos mentales que sean estimulados para despertarlo e incorporarlo como una habilidad más del pensamiento.


Los talleres "efímeros" o de una duración de semanas o meses, tienen a fuerzas que abarcar no solo procesos formales sino también de fondo. Despertar y habilitar procesos básicos del pensamiento para que tengan sustento en quien recibe dichos talleres.


A veces y sin querer queriendo, he preguntado a compañeros talleristas cuál es el proceso o los procesos mentales que se trabajan en X o Z taller que imparten. En la mayoría de los casos no saben responder, o responden con rodeos que terminan en el mismo resultado, solo interesa la forma, pero no el fondo, la significación tan importante en este tipo de actividades.


He hallado a talleristas "exitosos" bastante populares porque entretienen a los niños. Y eso está bien, pero estaría mucho mejor si aparte se llevaran activados varios procesos mentales en el camino. Pensar es no es una acción en sí, sino una multitud de posibilidades. ¿Cuáles?




Imagine que lo invita a jugar futbol, ¿con qué le entra? Pues con los pies. Si le invitan a jugar voleybol, ¿con qué le entra? Pues con las manos. Ahora bien, si lo invitan a Pensar... ¿con qué le entra? Si respondió que con la cabeza, es incorrecto.


Tuve maestros en la secundaria y preparatoria que en los días de exámenes, daban por respuesta a alguna posible orientación solicitada por los examinados, la siguiente respuesta: "¡Piénsale!" Caray... pensar es tantas cosas... si los maestros dieran un punto de apoyo para detonar la solución o respuesta a las preguntas en los exámenes o tareas, el asunto sería distinto... bueno, y qué es pensar.


Pensar es igual a los procesos que realiza una computadora: guarda, selecciona, prioriza, calcula, descarta, almacena, modifica, diseña, minimiza, archiva, enumera, recuerda, analiza, procesa, y siga usted con la infinidad de acciones más que hace el cerebro a la hora de ese acto tan simple de "pensar".


Esa mañana analizamos, seleccionamos, construimos, ensayamos, descartamos, modificamos, reaccionamos, rediseñamos, entre otras más, y finalizamos con una competencia que tuvo momentos de verdadero disfrute, instantes quizá, pero suficientes para saber que la magia del juego había cumplido su cometido, significándose en la mayoría de ellos.



Resultados aparte (ejem) nosotros debimos de haber ganado, porque en teoría teníamos un mejor motor, y un diseño probado y comprobado semanas antes. Sin embargo existen los imponderables, en este caso los accidentes en las pistas, tal fue nuestro caso, cuando se nos atravesó uno de los competidores y detuvo nuestra marcha que en teoría, debió resultar avasallante, pero que terminó encaramado en otro Bugatti.


Yo estuve feliz, viendo y comprobando que aunque el medio fue distinto (del aire nos bajamos a la tierra), el fin resulto siendo el esperado, por lo que en lo particular me sentí satisfecho con mi participación.


Estoy a la espera de saber si alguna casa de cultura de verdad realizará dicha dinámica, y por supuesto deseo ver fotos de ello. Si no se realiza en ninguna ni modos, más allá no puedo llegar. Al menos toque por un instante el corazón cretivo de niño, de los directores participantes.


O qué me dicen de estas caras mostradas en las fotos capturadas por mi amigo y compadre, Aarón Vite Grajales. Compañero generoso y de grandes y buenas ideas.


Abajo pueden ver a mis compañeros Gilberto, Paty y Alex, integrantes de la coordinación de Alas y Raíces.



Acá los ganadores, los directores de las casas de la cultura de Pichucalco y San Cristóbal, con la actual Coordinadora de Enseñanza y Fomento Artístico, la licenciada Mavi Ramírez, quien por cierto me debe su opinión del taller realizado, y de su experiencia en el ensamblado del Bugatti.




Por supuesto, tenía que mostrar a los demás compañeros que no llegaron a la meta, el Bugatti ganador.



Un representante del equipo ganador (Enrique Sánchez Velueta) explicó de qué manera se coordinaron para terminar de manera exitosa dicha actividad.






Sin más que contarles, me despido de ustedes... por mejores talleres.