jueves, 20 de junio de 2019

¡Palabras y Música! / Escuela Primaria José Emilio Grajales / Casa de las Artes Corazón Borraz

José Emilio Grajales Moguel
¡Compatriotas, que Chiapas levante
una oliva de paz inmortal,
y marchando con paso gigante
a la gloria camine triunfal!

Hace unos días platicaba sobre poesía con mi estimadísimo amigo Luis Antonio Rincón, también de las niños y los niñas que se acercan a ella. Entonces le conté del niño Octavio Paz, de "El árbol habla" y de cómo Octavio, de niño, no entendía ni "J" de las palabras encontradas, pero que la sonoridad al pronunciarlas en voz alta le hacían cosquillas no solo en la boca, sino en el corazón.

¡Los niños primero, siempre!
Sí, soy disperso, ya me lo han dicho directa e indirectamente, así que intentaré "agarrar juicio". ¡Coherencia, pué! Agárrense: Hoy visitaron de nuevo la Casa de las Artes Corazón Borraz los niños de la escuela primaria José Emilio Grajales Moguel. Se hallaron de frente con el niño Octavio y también con mi querida compañera de fomento lectoescritor, Liz Montoya. 


Mi cunca Liz tiene la palabra "jugar" amartillada en la memoria, tanto, que cada vez que se encuentra con las niños y los niñas de las distintas escuelas, albergues, casas hogar y casas geriátricas, termina divertida junto con ellos, con los otros... bendita otredad. Ella tiene la magia de animar y reafirmar la idea de que los niñas y las niños deben de ser lo primero... siempre.

  
Mi querido amigo Ramón Jamón estuvo pintando con Paz (dele el sentido que guste, y participe) alimentando en les muchaches eso que no debemos de abandonar jamás (menos enterrarlo en el lugar más oscuro de la "adultez"), el arte de dibujar, de ilustrar, de estimular la imaginación, el mejor de los pensamientos que nos ha llevado a conocer lugares increibles.


Con Pati se hallaron inmersos en el delicioso arte de la papiroflexia (origami), en el conocimiento de los dobleces "valles" y los dobleces "montañas", apareciendo figuras que se vuelven entrañables, haciendo de esos dobleces nuestros compañeros, podría asegurar, para toda la vida. Con esto las niños y los niñas pueden modelar el medio que los rodea y en el cual viven... otra manera de leer el mundo.


Teresita Periquita, mi nueva maestra, jugó con las emociones. Ella misma me dijo: Les leí "El monstruo del armario"... Un niño le tenía miedo a la noche porque creía que en el armario se escondía un monstruo (que solo sale por las noches). Después los niños inflaron un globo, luego escribieron y dibujaron a qué le tienen miedo. Jugaron con los globos hasta quedar con uno distinto al suyo. 


Leyeron el miedo y escribieron un consejo al dueño para vencerlo. Después volvieron a jugar con los globos hasta recuperar el suyo, luego compartieron a qué le tienen miedo, por qué y el consejo que les dieron sus compañeros y compañeras. Por último "rompieron" sus miedos de manera simbólica al estallar los globos. ¿Quién dijo miedo? ¿Quién cree que acá no sucedió algo "rompedor"?


Pancrasio, mi mejor maestro desde hace ya varios años (y mi diler de los curtidos y aguas espirituosas) estuvo de nuevo caleidoscópico. Acá entre "nos" mi amigo Pan y YoMeroMaromero andamos craneando el modo de contar las fábulas de Esopo, pero caleidoscópicamente (¡A burro!). Una vez que hallemos el hilo de la madeja les sorprenderemos, no sabemos si para bien, o para mal. Hoy fue para bien, como siempre. 


El buen "Falco" se puso a mover el esqueleto junto con las chicos y los chicas de la escuela primaria, para después dar paso a la proyección de cine, porque la lectura y la escritura también se realiza a través del "séptimo arte" (¿cuáles son las otras artes?), de eso y más les habló mi querido amigo y compañero Ramón Preocupón, haciendo la pregunta del millón: ¿Les gustó visitarnos hoy? Ustedes saben la respuesta.


Por último, habrán notado que comenzamos con una estrofa del Himno a Chiapas. No es una casualidad. El nombre de la escuela primaria lo amerita: José Emilio Grajales Moguel. Y como también se trata de alimentar nuestro capital cultural, les cuento que los coros y estrofas del himno fueron escritas por don José Emilio hace más de cien años (106), atendiendo a un concurso para tal fin.


Dicha convocatoria fue emitida como parte de los Festejos de la "Feria de Guadalupe", en Tuxtla Gutiérrez. En el programa de los festejos la Junta Organizadora incluyó el día de la unión de Chiapas. ¡Y no era para menos! Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de Las Casas se habían disputado de manera sangrienta, dos años antes, los Poderes del Estado (el poder...el triste poder) y se buscaba la paz y la unidad entre los chiapanecos.


Don José Emilio Grajales Moguel, destacado intelectual y pensador chiapaneco de 42 años de edad, atendió al llamado cual si fuera el personaje de la novela Aura. ¡Qué cosas! A mediados de octubre de 1913 se publicó la convocatoria para el concurso de las "palabras y música" del Himno a Chiapas, el 20 de noviembre se terminaron de recibir las propuestas y el 25 del mismo mes era elegido como ganador (por unanimidad) el himno escrito por don José Emilio.


He sido testigo de cómo los niñas y las niños cantan con verdadera emoción el Himno a Chiapas (y el Himno Nacional), y he sido testigo también de lo mal y de malas que lo cantan después, cuando son adolescentes (y de adultos mejor ni digo). Conozco una versión de nuestro himno que lleva por nombre "El gigante", compuesta por Federico Álvarez del Toro. Es una joya. Se las recomiendo.


Bueno, esto era lo que les quería contar de mi ausencia / presencia en la Casa de las Artes Corazón Borraz. Les dejo la versión ganadora del concurso aquel, que buscó unir a los chiapanecos en un momento crucial de nuestra historia. ¿Ustedes en qué primaria jugaron? ¿Se saben la historia del nombre de su escuela? ¡Cuenten!


Las fotos son una cortesía de mis queridos amigos y cuncas de trajines Ramón Preocupón y Liz Montoya... por mejores lectores y escritores.


Himno a Chiapas

Texto de José Emilio Grajales Molina

Coro
¡Compatriotas, que Chiapas levante
una oliva de paz inmortal,
y marchando con paso gigante
a la gloria camine triunfal!


Estrofa I
Cesen ya de la angustia y las penas
(y nosotros decimos "que se acabe la..." ¡Cuánta ingratitud hacia don José Emilio!)
los momentos de triste sufrir;
que retornen las horas serenas
que prometen feliz porvenir.

Que se olvide la odiosa venganza; 
que termine por siempre el rencor; 
que una sea nuestra hermosa esperanza 
y uno sólo también nuestro amor.


Coro

Estrofa II
Contemplad esos campos desiertos
que antes fueron florido vergel.
Están tristes, y mudos, y yertos, 
arrasados por lucha cruel.

No la sangre fecunda la tierra, 
ni al hermano es glorioso matar. 
Si es horrible entre extraños la guerra, 
a la patria es infame acabar.


Coro

Estrofa III
Chiapanecos, la paz os reclama, 
y el trabajo también y la unión.
Que el amor como fúlgida llama 
os inflame el viril corazón.

Nuestro arrojo guardad, quizá un día 
una hueste extranjera vendrá.
¿Quién entonces con gran bizarría 
de la patria el honor salvará ?


Coro

Estrofa IV
Chiapanecos, unid vuestras manos 
y un anhelo tened nada más: 
de estimaros cual nobles hermanos 
sin pensar en los odios jamás.

No haya un pueblo que sea tenebroso 
en la tierra que viónos nacer. 
Que de Chiapas el nombre glorioso 
con respeto se diga doquier.

Coro


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Nota: Tras la primera estrofa el coro se repite dos veces en donde es indicado. Y si quiere cantarla, les cuento que la música es de don Miguel Lara Vasallo... pero esa es otra historia.

miércoles, 12 de junio de 2019

¡La medida de todas las cosas! / Escuela Primaria José Emilio Grajales / Casa de las Artes Corazón Borraz



¡Qué alegría la nuestra! ¡Qué privilegio! Volvieron los niñas y las niños a la Casa de las Artes Corazón Borraz. En esta oportunidad nos visitaron estudiantes de la escuela primaría José Emilio Grajales. Más de ochenta niñas y niños volvieron para adueñarse de la casa compartiendo asombros, risas e historias. ¿Para qué? Simple. Para ser la medida de todas las cosas. ¡Eureka!


El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son y de las que no son en cuanto no son, escribió un señor de nombre Protágoras en su tratado sobre La verdad. Nuestro capital cultural, nuestro conocimiento, nuestra sabiduría nos dará la posibilidad de dimensionar lo observado, lo sentido y lo vivido. Por ejemplo: donde unos ven cantidad otros ven calidad (y viceversa). 


Los niñas y las niños llegaron con ese brillo peculiar en los ojos, destello que sólo quienes hemos estado aquí sabemos. Fueron recibidos por el guía de la caravana: Ramón Preocupón, yendo después a la visita guiada por los meandros de la poesía del niño Octavio Paz y las ilustraciones de niñas y niños parecidos a ellos, recorrido a cargo del buenazo de Ramón Jamón.  


Después de eso tomaron varios rumbos, cual si fueran coloridos granos de maíz cruzando el microcosmos iluminado (benditas metáforas). Uno de esos rumbos los llevó con otra agradable sorpresa, mi amigo y compañero Carlos Blas y su taller sobre "Magimáticas". Quienes estuvieron con él se divirtieron bastante no sólo por las dinámicas, sino por el personaje que los acompañó.


Otro de los rumbos los llevó hasta el taller de mi querido Ramón Jamón y las artes plásticas, acá le cuento que creímos haberlo olvidado en el punto de partida, lo que nos hizo vivir una pequeña angustia que después se tornó en carcajadas. ¡Estamos hechos de historias! Otro de los rumbos apuntó al buen "Falco", quien los puso a mover el esqueleto pero con sentido, mirándose en el otro (bendita otredad). 


No muy lejos de ahí, en otro rumbo, los niñas y las niños llegaron hasta el taller de Pancrasio y Paty, "los papirolas", caleidoscópicos, construyendo historias atrapadas en papel. Un rumbo más los llevó hasta YoMeroMaromero, donde al igual que mi amigo "Magimático", hicimos magia pero con libros, apareciendo y desapareciendo historias habitadas por cíclopes, reyes, caballeros, dioses y adioses, gigantes en forma de molinos y diótimas. 


Después de haber alimentado su capital cultural con nuevos conocimientos, asombros e historias, se alimentaron del refrigerio igual a los otros que les antecedieron, sentados en rueda sobre el pasto para hablar de lo vivido unos minutos antes, cerrando la jornada con una tanda de cortometrajes que los hicieron reir sin más obligación que la de ser eso: niñas y niños a gusto, cómodos, que volvieron con revistas de regalo hasta su escuela, divertidos.


Desde hace unos meses contamos y vivimos la experiencia de los rumbos encontrados en la Casa de las Artes Corazón Borraz, con la venia de la directora del Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas, licenciada Victoria Cecilia Flores Pérez. Ella mejor que nosotros sabe de la importancia de la lectura y la escritura voluntaria, de abonar al capital cultural en la infancia, de que los niños deben de ser lo primero... siempre. 


Parafraseando a Protágoras me atrevo a decir que los niños son la medida de todas las cosas.  Hoy lo comprobé, son la medida de si mismos, de los otros y de lo que los rodea. Ellas y ellos son capaces de leer el mundo de maneras imaginantes que los adultos hemos perdido, tanto, que logramos ignorarlos creando ciudades hostiles, reduciendo los espacios donde ellas y ellos puedan intercambiar asombros. 


Pero no todo está perdido, los hay quienes llegamos a entregar el corazón (benditas metáforas) por encima de cifras pudorosas, estándares políticos o métricas descolocadas. ¿Quién dijo que la formación de públicos, de lectores y de escritores, tiene resultados inmediatos? Esto es un trabajo de paciencia, de seguimiento y de continuidad, donde destaca (por mucho) lo cualitativo.


Agradezco a mis compañeros y amigos que hacen posible llevar los conceptos e ideas a la práctica. Es real lo que semana a semana sucede, como también es real la alegría de las niños y los niñas que nos han visitado en la Casa de las Artes Corazón Borraz. Y el agradecimiento es para TODOS los que intervienen, compañeros del Coneculta - Chiapas.


Pero esto no termina acá. Hay pilón (el bendito capital cultural, tan cambiante). ¿Quién fue don José Emilio Grajales? Se los dejo de tarea, les dejo también un enlace para que tengan un punto de partida (o llegada, qué sé yo), en honor al buenazo de Arquímides, quien dicen que dijo "dadme un punto de apoyo y moveré al mundo". Acá el enlace.


Las fotos son cortesía de mi querida Teresita Periquita y de amigo y maestro Ramón Preocupón... Por mejores lectores y escritores.










viernes, 7 de junio de 2019

Hubo un día... / Escuela Secundaria Técnica N° 2 "Centenaria Prevo De Tuxtla" / Casa de las Artes Corazón Borraz

Dibujo del taller de Ramón Jamón

En los días de calma, recuerda Octavio, la higuera era una petrificada carabela de jade, balanceándose imperceptiblemente, atada al muro negro, salpicado de verde por la marea de la primavera. Pero si soplaba el viento de marzo, se abría paso entre la luz y las nubes, hinchadas las verdes velas.

Carmen Leñero

Un cachito de "La Centenaria"
El día de ayer jueves 6 de junio volvimos a la Casa de las Artes Corazón Borraz. Ya no sabemos a ciencia cierta si llegamos de visita, o si es ahí donde habitamos y el resto de la semana salimos a deambular, a sobrevivir en la ciudad hasta volver para rehacernos, para reinventarnos, dando color a nuestras palabras mientras descansamos los pasos.


No hallamos al niño Amado Nervo, pero nos reencontramos con el pequeño Octavio Paz, quien nos ayudó a dar la bienvenida a los más de setenta adolescentos y adolescentas de 1er y 2do grado de la Escuela Secundaria Técnica N° 2, mejor conocida como la Centenaria Prevo de Tuxtla. Saltar al vacío ha sido parte del éxito de nuestra empresa; la mañana de ayer no sería la excepción.


Nuestro querido amigo y coordinador Ramón Preocupón fue el encargado de darles la bienvenida, dando paso después a la compañera Liz para que activara a les muchaches con una dinámica por demás relajante... ¡Correr! Jejeje. Verlos tan dispuestos y divertidos fue la fórmula precisa para continuar con mi regreso a ser YoMeroMaromero (a veces Yo también me canso de ser Yo).


Ramón Jamón les habló del niño Octavio Paz, del amor que sentía por la sonoridad de las palabras, más que su significado: Creció en mi frente un árbol. / Creció hacia adentro. / Sus raíces son venas / nervios sus ramas, / sus confusos follajes pensamientos… Lejos estábamos de adivinar de los atribulados follajes de pensamientos habitando en los corazones de les muchaches de 3er grado.


Elaboraron la biografía de un villano acompañados de mi comadrita Teresita Periquita. Ella es el hallazgo más feliz en esta aventura de fomento lectoescritor, quien por fin encontró el hilo de la madeja, el "triki", realizando distintos pases mágicos para disfrute de los espectadores, sin revelar la verdad del truco, hasta volverles las miradas y las sonrisas de colores.



Antes de saltar al vacío, Teresita Periquita aprendió de muchos talleres y recorrió gran parte de la geografía chiapaneca, enseñando a otros muchas maneras de aprovechar el tiempo libre, sólo que sucedía algo de lo que ella no se daba cuenta. Cada vez que se marchaba de un lugar, junto con ella se iba la canción. Sabía la técnica pero desconocía la estrategia. ¡Hoy "canta" canciones de colores!


YoMeroMaromero estaba decidido a que los chicas y las chicos contaran historias a partir de nubes, sin embargo terminaron convenciéndome para que les hiciera magia con un libro, primero apareciendo personajes de la nada, luego colorearlos y después volverlos a desaparecer, compartiendo asombros. Ellos por el acto de aparecer y desaparecer, yo por verles la chispa de la sorpresa en sus miradas.


No sé por qué razón decidí romper la regla de oro escrita en el manual de "Tacticas y estrategias de magia para nombrar el mundo", libro exclusivo de taumaturgos y encantadores como YoMeroMaromero, revelando a les muchaches de tercero de secundaria el antiquísimo secreto de aparecer y desaparecer dibujos y colores.


La razón la supe después, al percatarme de que era la última vez que estarían juntos como grupo, como cuncas, como cómplices que durante tres años compartieron alegrías y tristezas, aventuras y desventuras, amores y desamores. Recordé la época cuando firmamos los uniformes de los amigos que terminábamos nuestro ciclo en la secundaria. ¡Se nos acababa el mundo!  


¿Qué sería de nosotros sin el recreo, sin los desayunos en manada, sin el relajo a media clase, sin el "burro al hoyo" y sin las queridas presencias? ¿A dónde nos llevaría la vida? Recuerdo esa época cuando nos abrazábamos fuerte, en un sincero plan de prometernos todo. Así estaban los chicas y las chicos de tercero de secundaria, emocionados.


Quizá fue por eso que cuando llegaron al taller de Ramón Jamón y se dibujaron a sí mismos, se visualizaron nostálgicos, de espalda con la mirada perdida en el horizonte iluminado con los colores propios del otoño. Quizá más de uno se puso filosófico y se preguntó para qué, para que la vida... por qué, por qué la vida. Quizá por eso estaban dispuestos a jugar junto con nosotros.


También hubo tiempo para descubrir formas ocultas dentro de otras formas, al interior de la geometría de los adioses caleidoscópicos, multiformes, guiados por las hábiles manos de mi querido amigo Pancracio. Con suerte alguno de ellos construirá después un caleidoscopio de cartoncillo para contener los recuerdos de la secundaria, junto a sus mejores amigos.


A final de cuentas ser feliz es la cresta de la ola (benditas metáforas) y nosotros íbamos junto con ellos rumbo a la cima, encantados. Antes de eso dio tiempo para expresarse corporalmente con el joven "Falco", al ritmo del desenfado para terminar sentados sobre el pasto del jardín de la casa. Qué mejor escenario para una pre-despedida en manada, alrededor del desayuno.


Volvieron para terminar la jornada disfrutando de la proyección de tres cortometrajes sobre libros e historias. Mientras miraban se iban juntando cual miembros de una tribu, congregados junto al fuego. ¿Qué le entendieron? Preguntó uno de nuestros compañeros, el más nuevo de los aprendices. La pregunta era ¿Les gustó? De todas maneras sobraban las interrogantes.


La primera pregunta, ingenua, fue el pretexto ideal para decirnos lo mucho que disfrutaron estar juntos esa mañana, más al saber que no volverían a la Casa de las Artes Corazón Borraz, al menos no como alumnos de tercero de secundaria... así... juntos. Después hablaron otros, emotivos, agradeciendo la oportunidad de jugar de nuevo, por última vez, ocasión irrepetible como miembros de la Centenaria Prevo.


Sonaron voces que por momentos parecían quebrarse para abrirle paso al llanto. Se contuvieron, heróicos, igual que nosotros los que habitamos / visitamos la casa (ahora) de don Corazón Borraz. Recordé a Vicente Hidobro, a las Violondrinas y los Goloncelos en Altazor (benditas analogías), y me imaginé el último día de clases, la firma de los uniformes, las fotos, la nostalgia.


A veces nos da por cavilar, por reflexionar con preocupación e insistencia... de forma profunda y minuciosa sobre la buena idea que resulta seguir contando con la querida presencia de los niñas y las niños de Tuxtla Gutiérrez. A veces nos sentimos islas en un lago (benditas metáforas) pero al finalizar el día salimos llenos de energía... al menos YoMeroMaromero sí.


Larga vida a la Centenaria Prevo, a la Casa de las Artes Corazón Borraz, a mis amigos de aventuras y saltos al vacío, al chicharrón con salsa verde y las tortillas calientes. A las risas y los asombros atrapados desde hace casi cuatro meses entre las paredes. A los gritos y la alegría desbordadas, a las historias que nunca dejan de contarse por primera vez, aunque sean las mismas pero distintas.


Desde acá saludo a mis amigos de la Escuela Secundaria Ricardo Flores Magón, en la Rivera San José Terán. Ustedes saben quienes son. Agradezco también a mis amigos y compañeros de "salto" los últimos cuatro meses. No se desanimen, aún sigue siendo una buena idea lo que hacemos. Ya lo dijo (y bien) el poeta náhuatl Ayocuan: 

"Nada quedará de mi cuando me vaya / cuando me marche a la región del misterio / al menos flor / al menos canto".


Las fotografías que acompañan esta entrada fueron cortesía de Ramón, Liz y de la producción del blog... Por mejores lectores y escritores.




Los que llegan...

Los que se van...