viernes, 5 de abril de 2019

¡Danzón dedicado a.... los abuelitos de la Casa Geriátrica del ISSSTECH / Casa de las Artes y la Cultura


Volvimos a la Casa de las Artes y la Cultura el día de ayer jueves, cuatro de abril. Desde el amanecer se sentía el aire distinto, el sol cálido y los ánimos serenos. Asistimos más compañeros de lo habitual, de distintas áreas del Consejo pero con un propósito en  común: hacer de ese día algo memorable.


Saltamos al vacío porque del grueso de compañeros, pocos habían trabajado antes con personas de la tercera edad. Se desarrollaron varias estrategias para dar lo mejor de nosotros a los abuelitos de la Casa Geriátrica del ISSSTECH, armando un programa artístico que dio inicio con los cuentos del Kamishibai (ooohhh).


Escucharon atentos las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha en su aventura contra los molinos de viento. ¡Qué alegría la mía! Los abuelitos escucharon, rieron, acompañaron a Sancho y al caballero de la triste figura y fueron testigos de la valentía de este último, que con la adarga bajo el brazo acometió contra los gigantes en un acto de gran valentía.



También les conté de "Nadie", el valeroso rey que había llegado de "Ninguna parte" hasta la cueva del cíclope, hijo de Poseidón, el dios que agitó el mar de una manera demencial, en escarmiento a los soldados por haber destrozado el ojo de aquel gigante fantástico de nombre Polifemo. ¡Qué alegría la mía! Contando cuentos a los abuelitos, quienes terminaron con sus corazones contentos. 


Después llegó la música de ayer, hoy y siempre, a cargo de la Marimba Claro de Luna. ¡Que no, pué! Más de uno se meneó galán desde su lugar y un par de ellas no resistió las ganas, levantándose a bailar con bastante enjundia. ¡Qué alegría la nuestra! ¡Qué alegría la de ellos!


Después siguió la lectura de un fragmento de El laberinto de la soledad, por parte de mi querido amigo Ramón Jamón, dando paso después a cuatro parejas de danzón, que hicieron una demostración de ese baile tan del agrado de los abuelitos. Las parejas forman parte de los talleres de danzón que se realiza en este mismo espacio.


Cerró la tanda nuestro querido amigo Jesús Matatena con un repertorio de boleros que logró hacer cantar a coro a varios de ellos, y los más osados, a levantarse para tomar el micrófono y compartirnos su alegría, cantando junto al imberbe trovador que se llenó de gusto, igual que todos los que fuimos testigos.


La Marimba Claro de Luna dio el remate genial con una tanda de piezas para bailar, que hicieron de la sala otrora testigo de actos solemnes, diplomáticos y formatoidosos, la pista más alegre de esa mañana de abril, redondeando lo que desde muy temprano ya se anunciaba, discreto: que los chiapanecos somos de una alegría irremediable. 


Los abuelos son nuestros, eso lo sabemos quienes vivimos en esta tierra. Me lo corroboraron mis compañeros al atender a cada uno de ellos respetuosos, acomedidos, prestos, educados y alegres. Más de uno coincidimos en unir nuestra voluntades para atenderlos y hacer de esa mañana algo agradable para ellos y también para nosotros.


Dice un viejo y conocido refrán que debes de tratar a los demás como quisieras que te trataran a ti. Esa mañana los compañeros sirvieron sin problema alguno a los demás, colaboraron entre ellos olvidando por un momento de qué "área" era cada uno. Eso es lo que vi, si no es cierto diré que fingieron muy bien y que lograron engañarme, pero estoy seguro de que fue verdadero.


Los abuelitos dieron una lección a los más de uno ahí presentes. Por lo menos a mí sí, porque hicieron de nuestro quehacer algo que a veces dejamos de lado: el servir al otro (bendita otredad), el saber que en nuestro trabajo la persona más importante es el público, de la edad que sea, y no los burócratas.


No hubo diferencia de las otras veces al finalizar mi intervención, porque terminé igual de contento y animado que con los niñas y las niños que jueves a jueves me hallo, nos hallamos, en la vieja nueva casa. Estoy seguro de que mis compañeros y colegas terminaron igual que yo, con una sonrisa de satisfacción. 


No sé decirles más, aunque quisiera, porque estoy empeñado en hablar desde la construcción y no desde la destrucción. Las fotos fueron cortesía de Ramón Preocupón (al que verán bailando alegre en una de las escenas) y de mi compadre Aarón (que no bailó, aunque ganas no le faltaban).


Gracias también a todos mis demás compañeros y amigos del Consejo, que esa mañana llegaron para ayudar a que el inicio de abril sea una metáfora llena de sonrisas iguales a paisajes. Ojalá sea siempre así desde ahora (porque nadie es nadie solo) Por mejores edades.














jueves, 4 de abril de 2019

Nueva Sala de Lectura Dr. Rafael Grajales Ramos / Museo del Café / 03 de abril del 2019



Siempre será una alegría formar parte de algo que inicia, por ejemplo la Sala de lectura del Museo del Café que lleva el nombre del Dr. Rafael Grajales Ramos, personaje dueño del inmueble, donde vivió aproximadamente veinte años. En 1934 decidió donarlo al Gobierno del Estado de Chiapas para que fuera el Museo de Arqueología e Historia (primer misterio).


La casona, construída en 1913, estaba destinada a ser museo desde su donación. ¿Por qué lo digo? Porque en 1942 cambió de nombre, convirtiéndose en el Museo Regional de Historia (segundo misterio). El INAH lo tiene relacionado en el Catálogo Nacional de Monumentos Inmuebles del Estado de Chiapas. En 2009, siguiendo su destino, se transformó en el Museo del Café (tercer misterio).


Diez años después, y luego de una laboriosa planificación, se dio por fin la posibilidad de asistir a la inauguración de su Sala de Lectura, cargando (YoMeroMaromero) con el enorme compromiso de ser la primera actividad formal de acompañamiento lector. Estamos seguros (Ramón Preocupón, et al) tendrá una buena recepción por parte de sus visitantes. 


¿Y quiénes fueron las víct... digo, las cómplices en esta nueva aventura?  Pues nada más y nada menos que una veintena de alumnas de la Escuela Normal de Educadoras, mujeres jóvenes y entusiastas, el futuro de la educación para los niñas y las niños por venir. Futuros dentro de otros futuros que espero sean más prósperos y más divertidos.


Todos estamos hechos de historias... sí, no me cansaré de repetirlo, porque ahora mismo llevo algunas microhistorias que alimentan esta entrada y amenazo con compartirles otras más. ¡Y vaya que si las muchachas estaban llenas de historias! ¡Hasta el cuento de un primer beso nos chutamos!


Hablamos de la importancia de las historias escuchadas y contadas en nuestra infancia, desde las meramente éticas (fábulas, parábolas, entre otras) hasta las estéticas (todas las otras que no tienen una enseñanza moral dentro de ellas), acompañadas de juegos que permitieran apre(he)nder lo que se nos enseñaba.


El tiempo, tirano, exigía reducir la actividad a una hora exacta, porque de no ser así todas y cada una de ellas se transformarían en ratoncitas, corriendo el riesgo de quedar atrapadas en los meandros del Museo del Café, a la espera de algún flautista para guiarlas hasta su escuela. ¿Y qué hicimos? ¡Pues jugar!


Les conté la historia de Ulíses y el Cíclope, con el kamishibai (ooohhh!), no sin antes decirles que esa "herramienta"" servía para contar historias después de haber vendido dulces a los niños, narrando en ella sucesos de carácter moral. Y no era para menos, porque esa época se remonta al siglo II d. C. allá en el lejano Japón.


Después nos dimos a la tarea de formar nubes con nuestras manos, que luego se transformaron en animales y objetos, que luego se transformaron en paisajes, en escenarios donde se contaron las historias más originales, locochonas y entretenidas, explicando después los alcances de dicha actividad compartida con los pequeñinas y las pequeñinos.


A la velocidad de la luz nos dispusimos a ejercitar otra estrategía, pero en esta ocasión enfocada a la escritura, esa otra mitad tan necesaria. Sin más activamos el Mondongo, que se convirtio en un desmadre pero organizado, corriendo de atrás hacia adelante buscando no repetir palabras, evitando caer en errores ortógraficos o de campo semántico, o lo peor, de no morir en el intento. Una chulada.


Por último reescribimos, entre todos y todas, metáforas para alimentar el tendedero que Claudia (mi pequeña saltamontes) armará en estos días dentro del Museo del Café, tendedero dispuesto de tal manera que los visitantes diarios al museo puedan leer, y si les place, tomar el que más les guste y llevárselo. Refranes reconstruídos por las alumnas de la Escuela de Educadoras.


Dijimos muchas cosas, jugamos bastante, nos reímos más y estoy seguro de que se fueron con el corazón contento y con ganas de volver. ¿Para qué? Para beber un café de altura mientras disfrutan de la lectura que les ofrece la bebida, el aroma, el resabio, el calor tan tuxtleco.


¡Una hora! Sí, sesenta minutos para compartir un cuento y tres estrategias de acompañamiento lector a compañeras educadoras, quienes se hicieron conscientes de que cada una tiene una historia lectora, historia que alimenta nuestro capital cultural y el de los otros (bendita otredad). ¡Una hora! ¡Qué lindo es saltar al vacío!


Agradezco a los amigos y compañeros del Museo del Café, en especial a Norberto, a Clau y al Capitán América (Alex) por las atenciones, por el café, por las fotos y por la fortuna de ser el padrino de ese espacio al que ya le tengo un especial cariño... Por mejores lectoescritores.

miércoles, 3 de abril de 2019

Por mejores an-danzas / Centro de Estudios para el Arte y la Cultura de la UNACH / 02 de abril del 2019


El día de ayer martes 02 de abril, arrancando la primavera, asistí puntual a la cita programada con mi admirada madrina Aurora Oliva, en el Centro de Estudios para el Arte y la Cultura de la Universidad Autónoma de Chiapas. Otro salto al vacío, a las siete treinta de la manaña.


Luego de platicar mi madrinita Aurora y YoMeroMaromero historias nebulosas acerca de reconstrucciones flácidas, tragedias absurdas y desvanecimientos tragicómicos, entramos al salón donde nos esperaba un grupo de jóvenos y jóvenas, con más dudas que certezas acerca de lo que sucedería.



Mi madrina me concedió una hora y media de impunidad a mansalva, a la que dimos por título: "Por mejores An - Danzas". Acá quiero confesar que esto de andar nombrando y renombrando cada vez me está gustando más, asunto que ha hecho cuestionarme si no estaré caminando en el borde de alguna antigua extravagancia.


Ese mismo día tenía programado, apenas terminara mis gorgoritos en el CEAC - UNACH, trasladarme hasta el Museo del Café, para compartir un taller de fomento lector a compañeros y amigos que cuentan con salas de lectura en algunos museos y centros cuturales de Tuxtla Gutiérrez y Chiapa de Corzo.


Volviendo a esa mañana de salto sin paracaídas (que hace falta cada vez menos), busqué compartir lo que antes hemos dicho sobre "leer". Leer la vida es la Gran Lectura a la que no le ponemos casi ninguna atención. ¿Qué somos, si no lo que hemos leído? Cada uno de nosotros tenemos una historia lectora.



Adquirimos, deshechamos, resignificamos, descubrimos y aprehendemos (entre muchas cosas más) elementos que viene a sumarse a eso llamado Capital Cultural, eso que nos define, nos descubre a y con nosotros mismos... con los otros (bendita otredad). Y ahí estábamos frente a frente mirándonos, reconociéndonos, mientras la Tierra giraba a una velocidad endemoniada.


No quedó más que retarnos en el terreno de los recuerdos, de los inicios, de los orígenes, de cuando Todo comenzó... aquella luminosa oscuridad que vibró y aún sigue sonando... el mar del universo. Venimos de una mota de polvo en la tiniebla molecular, tan diminuta, que al estallar nos proyectó hasta ese salón donde comenzábamos a sintonizar nuestros sentidos.


Partimos de la expresión minima que estiramos hasta el cabalístico número 13. ¡Qué cosa eso de escribir lo que pronunciamos! Una oración con sentido, lo que nos arrojó una falta de condición y de disciplina con las palabras. De a poco fueron entrando en onda las aportaciones hasta demostrarse que sí es posible estirar oraciones.


Alguna vez el hermano lobo nos enseñó la primera palabra murmurada. La pulimos cual piedra preciosa hasta torcer y envilecer su naturaleza, a tal grado, que aprendimos a despreciarla. Pero, ¿quién dijo que todo está perdido? Esa mañana mientras caíamos después de saltar al vacío (versos satánicos dixit) nos descubrimos llenos de historias, recuperando de a poco la oralidad.


De la nada se formaron nubes en nuestras manos, siluetas caprichosas, aleatorias, que dieron origen a cuentos que nos permitieron jugar y divertirnos. Las caras antes llenas de dudas, ahora estaban transformadas en sonrisas, en asombros personalísimos. ¡A danzar se había dicho" 


Y fue el Mondongo el que terminó por convencernos de que sólo equivocándonos podemos aprender. Descubrimos que el lenguaje se daña si no se estructura bien. Nos asombramos con juegos que existieron (y que se resisten a desaparecer) arrancando la promesa de pintar un "avión" (tejo...rayuela) en el patio de la escuela, para recuperrar la niño y el niña que nos habita. 


En lo personal fue un reencuentro con amigos a quienes admiro y respeto, compartiendo con gusto un poco de lo que soy a mi Universidad Autónoma de Chiapas, la causa y la consecuencia de mi devenir. Un amor el mío que no tiene porqué ser correspondido; la quiero igual (así es el amor, desbocado). 


Desde acá celebro de nuevo al Centro de Estudios para el Arte y la Cultura de la UNACH, donde el estudio artístico y cultural son ejercicios, no conceptos ni formaterías industriales. Abrazo enorme para mi madrina Aurora Oliva, para Dayana, para Felix y para Yulma...y para todos y todas, por mejores an - danzas.


Las fotos que ilustran esta entrada son cortesía de Aurora y Dayana.