jueves, 29 de mayo de 2014
miércoles, 7 de mayo de 2014
miércoles, 2 de abril de 2014
La vuelta al día en ochenta mundos
En este collage donde se recorre un largo y variado itinenrario con la misma liviandad que emplearar Phileas Fogg en dar la vuelta al planeta, Julio Cirtázar vuela, navega y camina hacia escalas tales como: Soliloquio ante una hoguera. Para llegar a lezama Lima, De la seriedad de los velorios, Grave problema argentino: querido amigo, estimado o el nombre a secas, Jack de Ripper Blues, Del sentimiento de no estar del todo, Julios en acción, -Yo podría bailar ese sillón- dijo Isadora, El noble arte, Louis enormísimo cronopio, Mi amistad con Teodoro W. Adorno, La vuelta al piano de Thelonius Monk y muchos más que hacen un recorrido diverso y exitante, acompañado por viñetas, fotografías e ilustraciones que otro Julio, Silva, prepara y dispone amenizando un viaje tan pleno de de sorpresas como el del famoso personaje de Julio Verne. "Todo participa de esa respiración de la esponja en la que continuamente entran y salen peces de recuerdo, alianzas fulminantes de tiempos y estados, y materias que la seriedad, esa señora demasiado escuchada, consideraría inconciliables". Dice Cortázar, y lanza al lector en su mundo de mundos, en su cajón de sastre, en su pecera oceánica de recuentos, recortes y recuerdos.
Julio Florencio Cortázar Descotte (Ixelles, 26 de agosto de 1914 - París, 12 de febrero de 1984) fue un escritor, traductor e intelectual de nacionalidad argentina nacido en Bélgica. Optó por la nacionalidad francesa en 1981, en protesta contra el gobierno argentino. Se lo considera uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del relato corto, la prosa poética y la narración breve en general, y creador de importantes novelas que inauguraron una nueva forma de hacer literatura en el mundo hispano, rompiendo los moldes clásicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal. Debido a que los contenidos de su obra transitan en la frontera entre lo real y lo fantástico, suele ser puesto en relación con el realismo mágico e incluso con el surrealismo. Vivió casi toda su vida en Argentina y buena parte en Europa. Residió en Italia, España, Suiza y París, ciudad donde se estableció en 1951 y en la que ambientó algunas de sus obras. Además de escribir obras propias, es considerado un reconocido traductor, habiendo trabajado en este oficio para la Unesco.
Cortázar, Julio
La vuelta al día en ochenta mundos / Julio Cortázar. Diseño de interiores y portada, Julio Silva.
México : CONACULTA : EDITORIAL RM : 2010
183 p.
ISBN: 9786074558289
Julio Florencio Cortázar Descotte (Ixelles, 26 de agosto de 1914 - París, 12 de febrero de 1984) fue un escritor, traductor e intelectual de nacionalidad argentina nacido en Bélgica. Optó por la nacionalidad francesa en 1981, en protesta contra el gobierno argentino. Se lo considera uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del relato corto, la prosa poética y la narración breve en general, y creador de importantes novelas que inauguraron una nueva forma de hacer literatura en el mundo hispano, rompiendo los moldes clásicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal. Debido a que los contenidos de su obra transitan en la frontera entre lo real y lo fantástico, suele ser puesto en relación con el realismo mágico e incluso con el surrealismo. Vivió casi toda su vida en Argentina y buena parte en Europa. Residió en Italia, España, Suiza y París, ciudad donde se estableció en 1951 y en la que ambientó algunas de sus obras. Además de escribir obras propias, es considerado un reconocido traductor, habiendo trabajado en este oficio para la Unesco.
Cortázar, Julio
La vuelta al día en ochenta mundos / Julio Cortázar. Diseño de interiores y portada, Julio Silva.
México : CONACULTA : EDITORIAL RM : 2010
183 p.
ISBN: 9786074558289
lunes, 24 de marzo de 2014
Desde la construcción...
El día viernes 21 de marzo, el compañero José Luis Ozuna (miembro activo de la sala de lectura Por mejores lectores, (ubicado en la oficina donde laburo), se estrenó como acompañante de lectura en el salón de sexto grado, de la escuela primaria Juan venavides (Tuxtla Gutiérrez), actividad programada por la maestra de ese grado, donde se involucra a los padres de familia para las lecturas en clase. Días antes se acercó a nuestra sala de lectura a pedir consejo sobre algunas estrategias para la animación lectora. Iba a sugerirle algunos cuentos, pero él, atinadamente, tenía una historia lista para leer, titulada: Por favor.
Esta historia es parte de muchas otras enfocadas a la enseñanza de los valores (Honestidad, Gratitud, Puntualidad, Sinceridad, Responsabilidad, Generosidad, Familia, Honestidad, Decencia, Solidaridad, Prudencia, entre muchos otros valores) y que José Luis consideró era buen material para leer en el salon de sexto año. Decir por favor cada vez cuesta más, en una sociedad consumida por la prisa, lo efímero, donde ahora se busca el máximo de ganancia con ekl mínimo de esfuerzo, y donde ha perdido valor la educación elemental, como es el pedir (de manera educada) la realización de una acción donde estamos involucrados de manera directa.
Y yendo más allá, en materia de valores, ¿cómo contarle a los niños que la Honestidad, por ejemplo, significa lo mismo en cualquier sociedad? Los niños africanos, los japoneses y los mexicanos, a la hora de ser honestos actúan de la misma manera, por ejemplo, a la hora de decir la verdad sobre una circunstancia propia o ajena. No hay banderas en los valores humanos, más que una. Contarle eso a los niños es reforzar lo que de antemano ya se enseña en las aulas.Los valores "a la mexicana" son una realidad, es innegable, pero también es una realidad que dicha manera de interpretar los valores con ese estilo, han llevado a este país a un eterno comienzo en cuanto a una sociedad más justa, equitativa y solidaria.
José Luis dibujó y escribió en cartulinas el tema central del cuento, además de agregar los derechos que tienen como lectores, y que casi nadie les informa o les dice, más allá de leer 20 minutos al día, cuestión que en algunos casos ha sido motivo de molestia en los niños y jóvenes, que consideran esa actividad obligada, por no haber algo más allá de dicha lectura. Lo ideal sería enseñar a los padres tácticas y estrategias del acompañamiento lector, darles consejos y reunirlos cada determinado tiempo para intercambiar experiencias en dicha actividad.
La sala de lectura: Por mejores lectores diseña (luego de esta grata experiencia con el compañero José Luis) una serie de actividades (dirigida en un primer momento a mediadores), para invitar a padres de familia (y público en general), a desarrollar actividades que ayuden al acompañamiento de la lectura, ya sea en un salon de clases, en un espacio cultural o en casa. Las posibilidades son varias y variadas.
Por último, queda el testimonio oral de José Luis, quien regresó con una sonrisa de oreja a oreja, feliz por haber descubierto la magia de la lectura en voz alta. Nos dijo que fue un éxito total. Los niños estuvieron atentos, y luego de la lectura del cuento varios, curiosos, preguntaron otras historias que habían en El libro de las virtudes de los niños utilizado por José Luis. La maestra le pidió repetir la experiencia posteriormente, a lo que nuestro nuevo acompañante de lectura dijo que sí, obviamente, por mejores lectores, donando un libro para el salon de sexto grado de la escuela primaria Juan Benavides.
viernes, 28 de febrero de 2014
Por mejores armas...
Esta es la foto de MiniMi... el 19 de febrero llegó contento a la casa, para contarme que al día siguiente, llegaría un grupo de soldados a su escuela. ¿Qué les regalo?, preguntó. Miré a mi domadora, quien agregó debían darle un obsequio a los militares, como agradecimiento por la visita. Miré de nuevo a MiniMi, y le propuse regalara un libro. Avaló la idea con una enorme sonrisa, convencido de ser la mejor elección. Acto seguido, buscamos el libro a obsequiar.
Encontramos
una novela historica, editada en 2010 por el FORCAZS, titulada: La
pesadilla jarocha. Memorias de Panchito Viveros 1812-1829, la cual se desarrolla en el siglo XIX, donde la ficción se
mezcla con la realidad y tiene como escenario las distintas batallas
libradas en Veracruz.
MiniMi y mi domadora buscarón el moño para el libro y se resguardó en la mochila escolar. MiniMi hizo la tarea, se aseó sin chistar, y se durmió temprano. Antes de dormir nos dijo que el día siguientea era algo que "había esperado toda su vida" (y no miente... su vida apenas lleva cinco años con nueve meses de kilometraje).
La ceremonia (testimonio de mi domadora) estuvo cargada de emotividad. Los niños cantaron a voz en cuello el himno nacional y se comportaron respetuosos con la ceremonia militar. Algunos papás no pudieron evitar algunas lágrimas, por ver a sus hijos emocionados. Los niños ven en los militares eso que alguna vez vimos nosotros, y luego algunos quisimos ser militares (algunos, no todos), así como otros quiseron ser doctores, bomberos, policías, constructores, etcétera, aspiraciones relacionadas con la justicia, el honor, el bienestar, lo humano por encima de lo demás...
¿Qué nos sucedió? ¿Dónde quedó el niño que fuimos? Hoy los adultos tenemos una opinión muy diferente sobre la emoción que nos provoca ver a un militar. Ya lo dijo un compañero de trajines, quien, luego de ver la preparación de esta entrada, me dijo, "sí pues, es la edad de la inocencia... cuando MiniMi crezca y se entere qué clase de gente está en el ejercito, se avergonzará de esa foto..."
Más de uno replicó un dibujo donde un ciudadano amagaba con arrojar un libro a la policía antimotines, y estos, cubriéndose con los escudos característicos, advertían, ¡Cuidado, tiene un libro!... pues la continuación sería hacer efectivo el chiste, realizar el acto sanador de entregar un libro a quien tú quieras, no importa si es militar, templario, abonero, burócrata, profesor (sí, profesor...), artista, mercader, niño, adolescente, adulto o anciano, a cualquiera sin distingo.
Gianni Rodari creía en la virtud liberadora de la palabra, no para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo.
Volviendo al tema motivo de las imágenes, les comparto el dato histórico sobre el Día del Ejército Mexicano:
El 19 de febrero de 1913, don Venustiano Carranza publicó el Decreto de
creación de esta noble y valerosa institución militar. El Ejército
Constitucionalista fue la respuesta patriótica ante la ruptura del orden
democrático, cuya expresión más dolorosa fue el cobarde asesinato del
Presidente Francisco I. Madero y del Vicepresidente José María Pino
Suárez.
A partir de estos trágicos sucesos, don Venustiano Carranza convocó a diversos movimientos populares, conformados por campesinos y obreros en su mayoría, para restaurar el régimen institucional. Así nació el Ejército Mexicano, enarbolando las banderas de la legalidad, la libertad y la democracia.
En conmemoración de ese hecho, en 1950 se instituyó el 19 de febrero como Día del Ejército Nacional. A partir de 1969 el Ejército suma a sus responsabilidades el auxilio a la población civil en caso de desastres naturales.
A partir de estos trágicos sucesos, don Venustiano Carranza convocó a diversos movimientos populares, conformados por campesinos y obreros en su mayoría, para restaurar el régimen institucional. Así nació el Ejército Mexicano, enarbolando las banderas de la legalidad, la libertad y la democracia.
En conmemoración de ese hecho, en 1950 se instituyó el 19 de febrero como Día del Ejército Nacional. A partir de 1969 el Ejército suma a sus responsabilidades el auxilio a la población civil en caso de desastres naturales.
( fuente: http://www.presidencia.gob.mx/dia-del-ejercito-mexicano/ )
Por último, sé también que varios compañeros del militar se acercaron para ver el libro, pasaron varias páginas y se comentaron algo que en lo particular me hubiera gustado escuchar (lo que fuera). La historia de Panchito Viveros, acontecida en la primera mitad del siglo XIX, será conocida por un militar del siglo XXI, o por varios militares, o muchos, o miles... o ninguno, aunque algo de esperanza hay, porque si se fijan bien, el soldado lleva el libro en la mano izquierda, y el índice entre las hojas del libro... eso es mejor que nada.
Quien guste saber más sobre la historia de Panchito Viveros, este es el enlace:
http://www.conaculta.gob.mx/detalle-nota/?id=13023#.UxCk9M6j-ho
lunes, 17 de febrero de 2014
¡Lees o te madreo!: El Haragán Ramírez
Proyecto de
fomento a la lectura: LEES O TE MADREO
Nombre: El
Haragán Ramírez
Desempeño
Profesional: Ex Luchador de la Triple T
Trabajo
actual: Acompañante de lectura y escritura
Este
personaje emerge de las filas del “pancracio”. En un primer momento estuvo
seguro de abrazar la profesión de luchador, impulsado por su espíritu de
mexicano aguerrido y luchón, aunque el éxito de su empresa dependió mucho de un
pequeño defecto, un desperfecto heredado vayan ustedes a saber por quién y en dónde:
ser un perfecto haragán.
Este detalle resultó un
inconveniente a la hora de ejercitarse en el gimnasio, además de los duros
entrenamientos y peores friegas arriba del cuadrilátero, se vio en la necesidad
de evadir, con el ingenio característico de quien se precie haragán, las
esforzadas rutinas de acondicionamiento físico y la práctica del arte de la
lucha.
Supo que ser luchador requería de un
esfuerzo, tanto de tiempo como de espacio, así que decidió argumentar a don
Lucho, entrenador y representante, su necesidad por aprender la teoría sobre la
lucha libre, llaves y contra llaves, lucha en dúo, trío y campales, además de
la necesidad por estudiar un poco sobre su historia, orígenes y máximos
representantes. Don Lucho, atribulado por la palabrería del entonces joven
aspirante a ídolo, aceptó la propuesta, y de una buena vez, -y antes de que se
le ocurriera bautizarse a sí mismo-, le anunció su nombre, elegido por mayoría en
el gimnasio: El Haragán Ramírez.
Pero
dejemos que sea él mismo quien nos relate su historia. El siguiente testimonio
fue registrado por una estudiante universitaria, de quien se omite el nombre.
La entrevista se realizó en algún lugar de una Biblioteca Pública, en el marco
del Día Internacional del Libro, un 23 de abril.
“En
la lucha somos intemporales, casi dioses…
―¿Puede decirnos su nombre?
―El Haragán Ramírez.
―No el de luchador, su nombre de pila…
―Lo siento, no
puedo revelar mi nombre…
―Bien, señor Haragán Ramírez… ¿No querrá usted
decir “Huracán Ramírez”?
―No señorita,
es Haragán… mis colegas luchadores decidieron ponérmelo como sobrenombre de
batalla.
―¿Y por qué?
―¿Porqué qué?
―Sí, ¿por qué ese nombre? Haragán no es un
apelativo que impacte dentro de la Lucha Libre...
―Tiene una
pequeña historia. Le cuento… De niño siempre admiré la valentía y estilo del
Huracán Ramírez, a la hora de enfrentar al Blu o al Santo… y también a rudos de
la talla del Cavernario Galindo y el Doctor Wagner, entre otros… cada vez que
una avioneta sobrevolaba la ciudad, arrojando programas que caían a montones,
yo levantaba los que podía buscando, al Huracán.
―¿Y qué decían esos papeles?
―Anunciaban la cartelera que se presentaría
en el Coliseo. Mientras la mayoría buscaba el nombre del Hijo del Santo, el
Blu... o rudos como el Mochocota, Perro Aguayo o Dr. Wargner... entonces
sacábamos nuestras máscaras semi destruidas, y ahí mismo nos transformábamos…
¡hasta imaginábamos el grito del respetable coreando unos nombres y abucheando
otros!
―¿De qué barrio estamos hablando?
―Del Barrio
del Niñito de Atocha... En esa época era el límite de la ciudad y el comienzo
de rancherías…
―¿Y asistía a las luchas en la Coliseo?
―No, no tenía dinero,
pero créame, no era necesario, en la banqueta de la tortillería del barrio,
bastante amplia, ejecutamos tijeras, quebradoras, hurracarranas y topes
voladores, igual o mejor que los verdaderos ídolos…
―¿Qué ídolos?
―El Santo, el Cavernario, el Blu, el Mil…
los ídolos, eso quería yo ser al final de una tarde de juegos… un ídolo… ser
portada en los periódicos, luego hacer películas y aparecer en el álbum de
luchas; ser la estampita más deseada, la más complicada de hallar, porque eran
las de los meros meros…
―¿Y llegó a cumplir su sueño?
―A medias…
creo…
―Pues déjeme decirle que con su gran estatura, su
físico y esa máscara, parece usted un luchador profesional. Hasta juraría que
lo he visto luchar en alguna ocasión.
―¡Lo soy!... o
lo fui… es decir… cuando llegué a la adolescencia me fui a meter a un gimnasio
hecho de tablas, pero con un cuadrilátero profesional, donde entrenaban
luchadores locales de prestigio, compas que abrían las luchas estelares de los
grandes ídolos… Y también algunos novatos, quienes éramos carne de cañón, y
terminábamos haciendo méritos levantando toallas, barriendo el local,
asistiendo a los titulares, y esperando a que se fueran para hacer, ahora sí
que “nuestra lucha”, y fue Don Lucho quien me “descubrió”…
―¿Don Lucho era el entrenador? Y otra pregunta…
¿Cómo lo “descubrió? ¿A que se refiere con eso?
―Sí, era el
entrenador y representante…y el dueño del lugar… él me descubrió…
―Comprendo…
le vio madera para las llaves y topes voladores…
―No, me
descubrió durmiendo entre los costales de boxeo…
―¿Durmiendo?
―Sí señorita,
es que desde que nací fui muy dormilón… y nunca me gustó traer y llevar
mandados ni las labores de la casa… prefería irme al campo y ensayar patadas
voladoras contra los árboles de capulín…
―…Que interesante… ¿Y qué le dijo Don Lucho
cuando lo “descubrió”?
―¡Que no me
dijo! Inútil, holgazán, flojo…
―…Haragán…
―¿Eh?
―¡Perdón!… quise decir que tal vez de ahí nació
el mote que ahora lo distingue, señor Ramírez…
―Déjeme le
sigo contando… Como no me gustaba hacer labores de limpieza en el gimnasio, y
tampoco me estaba gustando ser al que le aplicaran a cada rato las nuevas
llaves y contrallaves, más la friega del ejercicio con las pesas, un día le
propuse a Don Lucho me dejara estudiar temas referentes a la Lucha, y aunque no
lo vi muy convencido, me dio chance de ir a la biblioteca municipal, con el
compromiso de hacerle saber sobre mis descubrimientos en la materia.
―¿Y por qué no estaba tan convencido, según
usted?
―Porque Don Lucho era “ojo de paga” y un
luchador, profesional o novato, le representaba tener completa la cartelera, y
por consecuencia, tener función todos los domingos, pero como vio que yo no
quería irme, y además no le costaría dinero mis ideas, quizá confió en sacar
ganancias más adelante… pero eso ya no lo pudo ver…
―¿Podría
seguir contando de su propuesta de ir a la biblioteca?
―Al otro día me fui enmascarado a la
biblioteca, y me acerque al mostrador, donde un joven relamido me quedó viendo,
serio, y me preguntó si podía ayudarme. Le dije entonces que buscaba un libro
sobre luchas. Me pidió la clasificación del libro... yo me quedé “de a seis”…
“¿Clasificación?... Sí”, insistió. Confundido, iba a retirarme del lugar cuando
una chica de la biblioteca me pidió le acompañara hasta una especie de gabinete,
de donde sacó una pequeña charola llena de papelitos. Ahí está la letra “L”,
ahí hallará lo que busca…
―… El Archivero…
―¡El sereno si
usted quiere!, pero para mi fue un desastre… había libros sobre lucha de
clases, castas, micro bacteriológicas, sociales, agrarias, estudiantiles,
mitológicas, mercantiles, intestinas, de estrategia, ajedrecísticas, épicas,
cívicas, y párele de contar…
―¿No había libros de lucha deportiva?
―No, lo más
cercano, y luego de casi una hora de búsqueda, fue “Lucha Griega y Romana: una
breve historía”.
―Señor Ramírez…
―Haragán
Ramírez, por favor…
―Corrijo, Señor Haragán Ramírez ¿Había ido antes
a una biblioteca, o era la primera vez?
―Había ido a
la misma biblioteca muchos años atrás, en una visita escolar, pero ni atención
puse, y la verdad, le confieso que soy bastante distraído… tanto, que dejé un
tiempo la escuela…
―…Haragán…
―¡No insulte,
señorita!
―¡No lo insulto, es su nombre de lucha!… señor
Haragán… Ramírez… ¿qué aprendió usted ese día?
―Primero, a no
apretar tanto el cordel de la máscara, porque la tenía empapada de sudor y era
bastante incómodo; segundo, que uno puede andar sin máscara siempre y cuando
sea uno discreto; y tercera, una palabra que luego de repetirla en el gimnasio,
llegó a oídos de un reportero local y se la apropió, y creo se usa hasta el día
de hoy…
―¿Qué palabra es?
―Pancracio.
―¿Es el nombre de un luchador de la Antigüedad?
―No señorita,
es como se nombraba a la lucha entre los griegos… no ha escuchado usted en la
tele “¡Los ídolos del Pancracio!”…
―No…
―Pues esa
palabra es la que usan, y muchos sin saber, y bueno, yo me puse a leer más al
respecto y, sin darme cuenta, ya había leído muchas hojas relativas al tema… y
no es que hubiera leído mucho, sino que hacía pausas… me imaginaba esa época, y
en mi mente se recreaba el calor del lugar, la gente eufórica, los luchadores
hechos un manojo de nervios por agradar al respetable y a los dioses…
―¿Igual a una película?
―Si, señorita,
como en una película… y ahí estaba embobado mirando los dibujos de vasijas
antiguas, reflexionando el porqué antes no usaban máscaras, y además, luchaban
desnudos…
―…que interesante…
―Luego del Pancracio, vino otra palabra: El
Pancrasiastes, luego rollos etimológicos y nombres de dioses y combatientes,
semidioses, algo totalmente distinto a lo que me habían enseñado en el
catecismo…
―¿Y cuándo decidió usted realizar el Fomento
de la Lectura en bibliotecas?... ¿O Luchaba y hacía trabajo de promoción?
Cuéntenos…
―Pues yo no sabía que lo que comencé a hacer
en la biblioteca de mi barrio tenía un nombre, menos que por hacer eso me
darían más y más libros y que me llevarían a viajar por varios estados de la
república…incluso viajo más como promotor de la lectura que como luchador…
―Eso es interesante, comenzar como luchador y
terminar hablando de libros… ¿Y por qué no ser un promotor de la lectura con su
verdadera identidad?
―Ya ni recuerdo, lo que sí recuerdo es
cuando me preguntaron, en Guadalajara, cuál era el nombre que le pondría a mi
proyecto de Fomento a la Lectura, y yo respondí sin dudar: ¡Lees o te madreo!
―¡Que fuerte!... ¿Y se lo aceptaron?
―No solo eso, ¡hasta me lo celebraron!
―¿Y por qué ese nombre?
―Pues más que idea fue un recurso… o mejor
dicho, a falta de recursos… o agotados los recursos para la promoción de la
lectura, me vi orillado a pensar en mis opciones, y encontré que aún no se
intentaba lo que a mí me funcionó tan bien en mi crecimiento personal y como
luchador.
―Pero más que un recurso suena a una
agresión… una grosería… ¿No cree usted?
―Puede ser, si atendemos a la palabra
Madrear como golpear o arruinar algo, pero, señorita, en mi caso es solo una
advertencia, una amenaza si usted quiere, pero es de dientes para afuera,
aunque estoy listo para darme de costalazos con quien sea… pero lo cierto es
que funciona solo como un pretexto para decirle a los oyentes que sí es posible
aprender leyendo, yo soy el vivo ejemplo de que no solo a golpes es como
entiende uno…
―Siento curiosidad por conocer su método de
Fomento de la Lectura… ¿En qué se sustenta?
―En mi propia experiencia lectora, y en los
cursos de capacitación del PNSL; nada más.
―¿Hace usted recomendaciones de lecturas?...
¿Cómo decide qué si y qué no leer?
―Yo no decido qué NO leer… eso sería una
barbaridad, soy luchador y si usted quiere un salvaje, pero no de ese tamaño…
―Cuéntenos entonces, por favor…
―Yo recomiendo lecturas que a mí me gustan,
nada más. Antes de comenzar una charla sobre Fomento a la lectura y la
escritura, les leo sus “derechos”…
―¿Cómo los derechos que lee la policía a los
detenidos?
―Algo así…
―¿Y cuáles son esos “derechos”?
―Pues son varios y variados, pero el primero
y fundamentales el siguiente: El derecho a No Leer… y tienen derecho a
retirarse en ese momento si así lo desean…
―Pero… ¿no corre el riesgo de quedarse sin
escuchas?
―Pues sí, pero es mejor tres o dos… o uno,
interesado, que treinta o cincuenta sin interés alguno, porque el mensaje que
se lleva no se recibe bien, y puede ser
contraproducente, alejando a los potenciales lectores…
―¿Por qué los
alejaría?
―Por ser estos mal entendidos… algo
obligado, y eso no es verdad, a mí nadie me obligó, y lo que ahora sé, se lo
debo a las bibliotecas, a los libros y a la experiencia de otros en este trajín
de la promoción lectora…
―¿Y luego
de recomendar las lecturas… qué sigue?
―Pues
sigue lo que sigue... ¿o qué desea usted saber?
―Si solo
se lee o si también se escribe...
―Ah, ya...
disculpe, parece que hoy me apreté de más la máscara... pues no es solo leer,
sino escribir... desafortunadamente se tiene a estas dos actividades como
separadas, sin saber que son necesarias ambas, sin una no existiría la otra.
―¿Y como
vincula usted lectura y escritura?
―Uy
señorita, no tengo un método propio, es decir... no he desarrollado algo
personal, pero me apoyo en la experiencia de otros, y ahí le busco, de acuerdo
al público al que me encuentro.
―¿Que tipo
de público es su especialidad?
―¿Mi
fuerte?
―Veámoslo
así...
―Pues mi
fuerte son público mayor de edad... no es que no pueda con los niños, pero a
veces ellos me tienen miedo, ya sabe, por la máscara, pero si se da el caso, no
los abordo, dejo que ellos se acerquen a mí, y me pregunten lo que deseen...
―¿Algunas
preguntas que recuerde?
―Sí, ahí
está la de un niño de cinco años, quien me preguntó que si antes de que él
naciera, todos los demás éramos monos. Otro me preguntó si sabía de dónde
venían los niños.
―¿Y qué
respondió a esas preguntas?
―Al
primero le dije que sí, y que nuestro abuelo se llamó Australopitecus, luego
regresó con su mamá, quien me reclamó la confusión que había provocado en el
niño... no tuve tiempo de aclarar nada. Al segundo le respondí con una historia
del Popol Vuh, lo que nos llevó luego a charlar sobre la creación de las
cosas...
―Supongo
que la historia contada es el medio... ¿Cuál es el fin?
―Pues la
finalidad es la de estimular la imaginación, lo fantástico.
―¿Los
niños aportan ideas nuevas a los cuentos? ¿Son sesiones dinámicas?
―No sé eso
de dinámicas, pero sí sé que no son aburridas. Nos alejamos de los formalismos.
Hay que contar, inventar, esto a partir de una palabra clave, un detonante.
Ellos hacen el resto. Luego de contarlo lo dibujan, al final, si da tiempo, se
escribe, o queda el compromiso de escribirlo y enviarlo luego a mi correo
electrónico o postal. Guardo cuentos de todo tipo, muchos impensables en un
aula con la rigidez que dan los programas escolares. Y volviendo a los públicos
que prefiero, me gusta trabajar con adultos, porque ahí es donde está oculto,
agazapado, el niño que alguna vez fueron… despertarlo es un privilegio.
―¿Cuándo
lo veremos presentarse, en un escenario más abierto, donde puedan asistir
quienes lo deseen?
―Espero
pronto en una Biblioteca... será gratis, aclaro, pero no por ser gratis es algo
menor. Será con cupo limitado. Imagino la biblioteca a la que le interese mi
aportación, organizará la logística.
― ¿No tiene usted un espacio ya establecido?
―No… ando a salto de mata… la promoción de
los libros, curiosamente, no le interesa a quienes trabajan con libros…
―Muchas gracias, señor Haragán Ramírez.
―A usted…
jueves, 16 de enero de 2014
De la Conquista a la Independencia
Este volumen reúne las páginas que Fernando Benítez dedicó a los tres siglos del Virreinato y a la lucha por la Independencia. Desde los capítulos dedicados a la vida criolla que describen el proceso por el que surgen en el siglo XVI las primeras generaciones mexicanas, con sus peculiaridades psicológicas, políticas y económicas, Benítez se apoya en los cronistas, memorialistas y poetas novohispanos para entregarnos una versión amena, accesible, llena de anécdotas curiosas y personajes notables de la historia colonial. En el siglo XVII, los descendientes de los conquistadores se vuelven rentistas y nuevos aristócratas, gente de la Iglesia, los negocios y las letras; en medio de todos ellos brilla −y contrasta− Sor Juana Inés de la Cruz, como la estrella incomparable de ese siglo. En el siglo XVIII, los eclesiásticos, nuevos nobles y leguleyos se vuelven mineros, industriales, comerciantes. La inequidad y la acrecentada expoliación de la metrópolis producen un nuevo tipo de militares, curas e intelectuales criollos que conciben la necesidad de la Independencia. Con agudeza y fervor, Benítez describe sus conspiraciones, andanzas y contradicciones, con especial atención a las figuras extraordinarias de Hidalgo y Morelos.
De la Conquista a la Independencia reúne tres libros de Fernando Benítez: Los primeros mexicanos (La vida criolla en el siglo XVI), Los demonios en el convento (Sexo y religión en la Nueva España) y El peso de la noche (Nueva España de la Edad de Plata a la Edad de Fuego).
Benitez, Fernando
De la Conquista a la Independencia / Fernando Benítez
México : Ed. ERA, 2012
742 p. (Biblioteca ERA)
ISBN: 978-607-445-195-5
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